Un buque con bandera de Liberia procedente de México arribó al puerto de La Habana transportando aproximadamente 14 millones de litros de combustible, consolidando a la nación azteca como el principal suministrador energético de la isla frente a la caída de los envíos venezolanos. La operación, revelada por investigaciones periodísticas basadas en monitoreo satelital, evidencia el respaldo diplomático mexicano a las autoridades cubanas en medio de una profunda crisis energética.
El cargamento, equivalente a más de 86.000 barriles, fue transportado por la nave Ocean Mariner, la cual zarpó desde la terminal de Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz. De acuerdo con registros de comercio exterior y datos de la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), este envío no constituye un hecho aislado. Durante los últimos meses de 2025, el ejecutivo mexicano realizó múltiples exportaciones de hidrocarburos hacia la isla, incluyendo diésel automotriz valorado en más de 14 millones de dólares. El mismo buque volvió a zarpar hacia la capital cubana a inicios de enero, marcando el primer viaje de este tipo en el nuevo año.
Ante la creciente atención mediática sobre estos flujos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que su país no está enviando \»más petróleo del que se había enviado históricamente\» y atribuyó el movimiento a contratos comerciales y ayuda humanitaria. Sin embargo, datos de la firma de seguimiento Kpler, citados por el diario Financial Times, revelan que México se convirtió en 2025 en el mayor proveedor de crudo de la isla, exportando un promedio de 12.284 barriles diarios, lo que representa el 44% de las importaciones totales cubanas. Esta cifra desplazó a Venezuela al segundo lugar, con 9.528 barriles diarios (34% del total), un volumen 63% inferior al registrado en 2023.
Opacidad gubernamental y colapso del sistema energético
A pesar de los continuos aportes de combustible desde el extranjero, las autoridades de la isla mantienen un hermético silencio sobre las condiciones comerciales de estos cargamentos y su impacto real en la vida cotidiana. El sistema energético nacional continúa sometido a una crisis estructural, manifestada en apagones prolongados y un déficit crónico de combustible que paraliza la ya mermada actividad económica. Esta dependencia externa enmascara la ineficiencia productiva de la dictadura cubana, que ha priorizado el control político sobre el mantenimiento y desarrollo de infraestructuras vitales, sumiendo a la población en la escasez y la incertidumbre diaria.
La dependencia del régimen de La Habana de los suministros mexicanos y venezolanos subraya la fragilidad de su modelo económico y su incapacidad para garantizar la soberanía energética. Mientras el gobierno cubano se beneficia de estos apoyos foráneos para sostener su maquinaria estatal, la ciudadanía enfrenta las consecuencias directas de una gestión deficiente y centralizada. A futuro, la sostenibilidad de estos flujos internacionales determinará no solo la estabilidad del sistema eléctrico, sino también el ritmo de las crisis sociales que han impulsado el masivo éxodo migratorio desde la isla.