El reconocido neurólogo y profesor cubano Néstor Manuel Pérez Lache falleció en La Habana, generando una profunda conmoción en la comunidad médica de la isla. Aunque las autoridades no han emitido un parte oficial, testimonios de colegas señalan que el especialista habría puesto fin a su vida, un hecho que evidencia el desespero y el deterioro extremo de las condiciones de vida y trabajo en el país.
Personal del Hospital Militar Central “Carlos J. Finlay”, centro donde Pérez Lache formó a generaciones de especialistas, confirmó su deceso a través de redes sociales, describiéndolo como una \»figura colosal de la medicina nacional\». Sin embargo, versiones circuladas por médicos como Lucio Enríquez Nodarse apuntan a que el profesor se suicidó lanzándose desde un puente en la capital. Hasta el momento, el régimen de La Habana mantiene el silencio institucional sobre las circunstancias exactas del deceso.
Las publicaciones de sus colegas no se han limitado al lamento, sino que han vinculado directamente la tragedia con la profunda crisis sistémica que atraviesa la nación. Enríquez Nodarse señaló en sus redes que el galeno habría sucumbido ante la misma desesperanza que agobia a la población, enfrentando la carencia de servicios básicos como agua y electricidad, sumada a la inexistencia de medicamentos en los centros hospitalarios. Esta situación refleja el agotamiento emocional de los profesionales de la salud, obligados a ejercer en condiciones infrahumanas.
Una trayectoria científica eclipsada por la crisis
Pérez Lache ostentaba una trayectoria académica envidiable. Graduado de Medicina en 1965 y especializado en Neurología en 1970, alcanzó el grado de Doctor en Ciencias Médicas en 1986. Su legado incluye el Método Neurodinámico Estesiométrico, fundamental para el estudio de la corteza cerebral y la neuroplasticidad, además de su participación en investigaciones científicas vinculadas al programa espacial conjunto entre Cuba y la antigua Unión Soviética. Recibió en 2017 el Premio al Mérito Científico por la obra de toda su vida.
La pérdida de una figura de tal magnitud no es un hecho aislado, sino el síntoma de un colapso estructural mayor. El sistema de salud cubano, otrora presentado como un bastión del Estado, se encuentra en franca decadencia debido a la falta de inversión, el éxodo masivo de profesionales y la escasez crónica de recursos. La dictadura cubana ha desmantelado progresivamente las condiciones dignas de trabajo, empujando a médicos y especialistas a la desesperación o al exilio, dejando a la población sin atención adecuada y a sus servidores públicos en la indigencia material.
El fallecimiento del doctor Pérez Lache marca un hito trágico en la ya de por sí crisis sanitaria nacional. Mientras las autoridades de la isla omiten pronunciarse sobre los factores que condujeron a este fatal desenlace, la sociedad civil y la comunidad médica exigen respuestas ante un sistema que devora a sus propios cuadros profesionales. La partida de este eminente neurólogo deja un vacío académico irreparable y plantea una vez más la urgencia de un cambio estructural que devuelva la esperanza y la dignidad a los cubanos.