La provincia de Matanzas atraviesa un preocupante aumento de síndromes febriles, con circulación confirmada de serotipos de dengue y síntomas compatibles con otras arbovirosis. Ante la propagación del contagio por cuadras enteras y la falta de acciones efectivas de control vectorial, los ciudadanos denuncian el abandono sanitario y la opacidad informativa por parte de las autoridades de la isla.
El director del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología de Matanzas, Andrés Lamas Acevedo, reconoció la transmisión activa del dengue en municipios como Martí, Perico, Jovellanos, Colón, Unión de Reyes, Alacranes y Cárdenas, así como en la propia ciudad cabecera. El funcionario admitió la circulación de los serotipos tres y cuatro del dengue, con el riesgo inminente de la introducción del serotipo dos, ya presente en La Habana y Villa Clara. Aunque el gobierno cubano descartó la presencia de enfermedades \»misteriosas\» y aseguró que no hay casos críticos ni fallecidos, los diagnósticos oficiales también apuntan a sintomatología compatible con chikungunya y la circulación del virus oropouche en menor cuantía.
Sin embargo, los relatos desde el terreno contrastan con la narrativa oficial. Residentes locales reportan hogares completos afectados por cuadros de fiebre sostenida de hasta 40 grados, dolores articulares intensos y de cabeza. La ciudadana Yuneisy Santana describió en redes sociales la vulnerabilidad de la población frente a la proliferación de mosquitos en aguas estancadas y la acumulación de basura, señalando la ausencia de fumigación y la inacción de los organismos encargados del control ambiental. Por su parte, la activista Amelia Calzadilla exigió transparencia y la declaración de un estado de emergencia sanitaria, urgiendo al ejecutivo cubano a solicitar ayuda humanitaria ante el riesgo inminente que corren las vidas.
Crisis sanitaria y colapso estructural
El rebrote epidemiológico en Matanzas no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa del colapso estructural que sufre la isla. La falta de combustible para las labores de fumigación, el déficit de personal médico y sanitario, junto con la deficiente gestión de residuos y el desabastecimiento generalizado, crean el caldo de cultivo perfecto para la expansión del Aedes aegypti. Esta crisis de salud pública se suma a la ya precaria situación de los centros hospitalarios, que carecen de los recursos básicos para atender a la población, evidenciando la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar el bienestar de los cubanos.
La minimización de la crisis por parte de la dictadura cubana, a través de declaraciones que buscan apaciguar la alarma social, solo profundiza la desconfianza de la ciudadanía. Mientras la opacidad informativa prevalezca y no se implementen medidas estructurales para el control vectorial, el riesgo de que el brote se convierta en una catástrofe sanitaria a nivel nacional es inminente. La situación en Matanzas refleja una vez más cómo la falta de libertades y la ineficiencia gubernamental se traducen en un costo directo para la salud y la vida de la población, en un contexto marcado por el éxodo migratorio y la profunda precariedad económica.