Una mujer perdió la vida este martes en un accidente de tránsito en el tramo del Malecón habanero cercano a la Embajada de Estados Unidos, tras perder el control el vehículo en el que viajaba y chocar de frente con una camioneta. El siniestro, que dejó además varios heridos, vuelve a evidenciar la peligrosidad de las carreteras cubanas y la nula vigilancia del régimen de La Habana sobre el cumplimiento de las normas viales.
De acuerdo con testimonios recogidos en redes sociales, el automóvil en el que viajaba la víctima perdió el control en una curva, invadió el carril contrario y fue impactado en el lado del copiloto por un vehículo blanco. El familiar de la fallecida, identificado como Yordankis Alonso, confirmó el deceso, mientras que el reporte inicial del usuario Alex Ríos Cruz detalló que en los vehículos involucrados viajaban trabajadores vinculados a la empresa Artex y al sector de la Cultura, resultando varias personas con lesiones.
Este tramo del litoral habanero se ha convertido en un punto negro para la siniestralidad. En diciembre pasado, la misma zona fue escenario de otro accidente que dejó un saldo de varios heridos, incluyendo a una niña. Los ciudadanos han denunciado reiteradamente el exceso de velocidad, las maniobras temerarias y el visible deterioro del asfalto, factores que se agravan por la falta de control efectivo por parte de las autoridades de la isla, incapaces de garantizar la seguridad en las vías públicas.
Colapso vial y mortalidad en ascenso
El fatal suceso no es un hecho aislado, sino el reflejo de una crisis estructural que mantiene a los accidentes de tránsito entre las principales causas de muerte en el país. Las cifras oficiales expuestas por el gobierno cubano revelan una tragedia silenciosa: entre enero y agosto de 2025 perdieron la vida 502 personas en las carreteras, una cifra que representa la mayor parte de las víctimas contabilizadas en 2024, año que cerró con 634 fallecidos y más de 6.600 lesionados.
El enveencimiento del parque automotor, la imposibilidad de mantener una infraestructura adecuada y la impunidad ante la conducción imprudente configuran un escenario de riesgo permanente. La ineficacia estatal para modernizar la red vial y aplicar políticas de tránsito efectivas se suma a la apatía institucional frente a una ciudadanía que debe sortear diariamente el abandono urbano.
Mientras la dictadura cubana destina sus recursos a prioridades alejadas del bienestar común, los cubanos continúan pagando con sus vidas el deterioro de los servicios públicos más básicos. La falta de mantenimiento de las vías y la ausencia de vigilancia policial efectiva seguirán cobrando víctimas, profundizando el desamparo de una población atrapada en un sistema que no garantiza su seguridad.