El mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, expresó su frustración pública tras constatar el ausentismo masivo de funcionarios y cuadros del Partido en la reciente jornada de higienización en la capital. La negativa de los mandos medios a participar en los trabajos de limpieza evidencia un profundo desgaste interno y la pérdida de autoridad del ejecutivo cubano frente a una crisis sanitaria y ambiental que el régimen es incapaz de resolver.
Durante un recorrido por varios municipios de la ciudad, Díaz-Canel fue grabado mientras reprendía a los responsables de barrio, delegados y miembros de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) por no acudir a la recogida de desechos. La convocatoria oficial pretendía movilizar a la burocracia estatal para mitigar la acumulación de basura en las calles, un problema derivado de la incompetencia administrativa y la falta de recursos del gobierno cubano. Sin embargo, la respuesta fue de apatía y desobediencia, dejando en evidencia que ni siquiera los beneficiarios del sistema están dispuestos a sostener la fachada de trabajo voluntario, conscientes de que las decisiones que generan el colapso se toman por encima de ellos.
Insólita propuesta: que los profesionales asuman la limpieza
Ante el fracaso de la movilización, José Ramón Monteagudo, jefe del Departamento Agroalimentario del Comité Central del Partido Comunista, propuso que los propios trabajadores asuman la limpieza de sus centros laborales. La sugerencia del dirigente, al frente de un sector en franco colapso productivo, pretende descargar la ineficiencia estatal sobre médicos, maestros e ingenieros. Estos profesionales, ya agobiados por la inflación, los apagones y la escasez, ven cómo las autoridades de la isla intentan añadir tareas ajenas a su perfil para tapar la incapacidad del Estado para proveer servicios básicos.
La crisis de la recogida de desechos no es nueva, pero las soluciones improvisadas del régimen de La Habana han chocado con su propia ineficiencia y control centralizado. En 2024, se implementó un plan experimental en el municipio El Cerro, delegando la recogida de basura a la empresa privada Talleres Delis. Pese a la urgencia del problema, la iniciativa no se extendió al resto de la capital, evidenciando la reticencia del gobierno cubano a ceder espacio al sector privado en obras de impacto social, a menos que implique negocios de importación y exportación que beneficien a la cúpula militar y empresarial del país.
Ante la falta de presupuesto para pagar a la empresa estatal Comunales o a contratistas privados, la ciudadanía exige que el régimen utilice los vastos recursos de las Fuerzas Armadas, que acumulan combustible y logística bajo el pretexto de la defensa nacional. Mientras la basura se acumula en las calles y el descontento crece incluso dentro de sus propias filas, la dictadura cubana demuestra que su única respuesta ante el colapso estructural es la imposición de cargas a la población y el desplazamiento de sus responsabilidades hacia unos trabajadores cada vez más exhaustos y al borde de la migración.