El tanquero Sea Horse, que transportaba unos 200.000 barriles de diésel de origen ruso, modificó este viernes su trayectoria hacia Trinidad y Tobago, frustrando las expectativas del régimen de La Habana para aliviar la profunda crisis energética. El giro del buque coincide con una nueva medida del gobierno de Estados Unidos que excluye expresamente a Cuba de las exenciones temporales para transacciones de combustible ruso.
Según datos de monitoreo naval confirmados por la agencia Reuters y el diario El País, la nave se alejó de las costas cubanas en lugar de continuar hacia la isla. Este cambio de rumbo se produjo apenas un día después de que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos emitiera la Licencia General 134A. Esta nueva disposición sustituye a la anterior y prohíbe explícitamente las transacciones que involucren a Cuba, así como a Irán, Corea del Norte y regiones ocupadas de Ucrania, afectando de lleno la venta y traslado de crudo y derivados rusos ya cargados en los buques.
El cargamento del Sea Horse era considerado vital para las autoridades de la isla, ya que el diésel es el combustible principal para los grupos electrógenos que abastecen aproximadamente el 40% de la oferta energética nacional, además de ser indispensable para el transporte y la agricultura. Previo a su desvío, el buque había incurrido en lo que la firma de inteligencia marítima Windward describió como \»prácticas de transporte marítimo engañosas\», incluyendo la manipulación de su Sistema Automático de Identificación Marítima (AIS) y transferencias de carga frente a las costas de Chipre, tácticas frecuentemente utilizadas por el gobierno cubano para evadir el escrutinio internacional.
Un abastecimiento en colapso
La pérdida de este cargamento evidencia la fragilidad del sistema energético cubano y la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar un suministro estable en medio de la crisis estructural. En lo que va de año, apenas dos petroleros han arribado a puertos cubanos con importaciones de combustible: uno procedente de México en enero, identificado como el Ocean Mariner con 86.000 barriles, y otro desde Jamaica en febrero con gas licuado de petróleo. Esta escasez crónica se traduce en apagones prolongados, paralización de servicios esenciales y un golpe adicional a la ya maltrecha producción de alimentos.
El desvío del Sea Horse no parece ser un caso aislado. Otro buque sancionado por la OFAC, el Anatoly Kolodkin, con bandera rusa y presuntamente cargado con 700.000 barriles de crudo destinados a aliviar la crisis, también apareció en los registros marítimos con rumbo hacia la costa este de Estados Unidos, descartando su llegada a La Habana. Ante el endurecimiento de las sanciones internacionales y la creciente dificultad para operar en la opacidad, la dictadura cubana se enfrenta a un escenario crítico donde las opciones para sostener la matriz energética del país se reducen drásticamente, augurando un periodo de mayor descontento social y profundización del colapso institucional.