La Unión Eléctrica (UNE) informó de una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), dejando a la isla a oscuras en medio de una jornada que ya registraba déficits críticos de generación. El nuevo apagón nacional evidencia el deterioro estructural de la infraestructura energética gestionada por el gobierno cubano y agrava la crisis social y económica que atraviesa el país.
La empresa estatal reportó la falla generalizada a través de sus redes sociales, asegurando que se habían activado los protocolos para el restablecimiento, aunque sin precisar las causas técnicas del desastre. Por su parte, el Ministerio de Energía y Minas se limitó a indicar que se investigan los motivos del colapso, omitiendo detalles sobre el tiempo estimado de recuperación. Esta desconexión ocurre apenas dos semanas después de una avería en la termoeléctrica Antonio Guiteras que dejó sin servicio a unos seis millones de personas y tardó 16 horas en resolverse parcialmente.
La caída del sistema no fue un evento sorpresivo, sino la culminación de una jornada de estrés extremo para la red. Horas antes del colapso total, las autoridades de la isla habían reconocido que el servicio estuvo afectado durante las 24 horas del día anterior, con una máxima afectación de 1.891 megavatios (MW) en la noche. A primera hora de la mañana, la disponibilidad apenas alcanzaba los 1.140 MW frente a una demanda estimada de 2.347 MW, lo que presagiaba un horario pico aún más crítico, con un déficit previsto de 1.960 MW.
El parte oficial detalló un panorama desolador en las principales plantas generadoras, con averías en unidades clave de las termoeléctricas Mariel, Santa Cruz, Felton y Antonio Maceo, además de mantenimientos programados en otras instalaciones como Nuevitas y Cienfuegos. A esto se suman 492 MW fuera de servicio por limitaciones térmicas. Aunque el ejecutivo cubano ha intentado maquillar la crisis destacando la producción de 52 nuevos parques solares fotovoltaicos, su aporte máximo de 732 MW resultó insuficiente para compensar la obsolescencia y el abandono del parque generador tradicional.
Un colapso estructural con consecuencias sociales
La crisis eléctrica no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de décadas de falta de inversión, mala gestión y envejecimiento de la infraestructura bajo el control del régimen de La Habana. En el último año y medio, Cuba ha sufrido cinco apagones nacionales y múltiples cortes parciales que han paralizado la ya deprimida economía nacional, afectando la conservación de alimentos, el acceso al agua y la prestación de servicios médicos básicos.
El prolongado desabastecimiento energético se ha convertido en el principal detonante del descontento popular, provocando protestas y cacerolazos que la dictadura cubana suele reprimir con firmeza. Ante la repetición constante de estos colapsos, la ciudadanía se enfrenta a un futuro inmediato de incertidumbre, mientras la comunidad internacional observa cómo la incapacidad del gobierno para garantizar servicios esenciales empuja a más cubanos hacia el éxodo migratorio y la indignación social.