El Centro Nacional de Huracanes (NHC) de Estados Unidos advirtió que la tormenta tropical Melissa se convertirá en huracán y se aproxima lentamente hacia el extremo centro-oriental de Cuba, amenazando con provocar inundaciones catastróficas y lluvias torrenciales en una isla ya sumida en una profunda crisis estructural.
Jamie Rhome, subdirector del NHC, detalló que el sistema meteorológico ha alcanzado vientos máximos de 121 kilómetros por hora y una presión de 982 hectopascales. El experto alertó que la principal amenaza no radica únicamente en los vientos, sino en la extrema lentitud del fenómeno, que se desplaza a apenas 1,6 km/h hacia el oeste y noroeste. Esta inmovilidad prolongará el paso del huracán sobre el Caribe durante los próximos tres o cuatro días, con un pronóstico de llegada a territorio cubano para el próximo miércoles.
Las proyecciones meteorológicas anticipan acumulados de lluvia de entre 20 y 30 pulgadas, cantidades que el propio centro calificó de medibles en pies. Rhome subrayó que estos volúmenes de agua generarán inundaciones catastróficas en Jamaica y Haití, extendiéndose posteriormente hacia el sureste de Cuba. Ante esta amenaza, el Instituto de Meteorología (INSMET) emitió su noveno aviso de ciclón tropical, mientras las autoridades de la isla mantienen la Fase Informativa en las seis provincias orientales, en coordinación con el Instituto de Recursos Hidráulicos y la Defensa Civil.
Un desastre natural ante una infraestructura colapsada
El advenimiento de Melissa pone a prueba la ya maltrecha infraestructura de la isla, fruto de décadas de negligencia y mala gestión por parte del régimen de La Habana. El colapso estructural del sistema eléctrico, el desabastecimiento crónico de alimentos y la deficiente red hidráulica y de saneamiento agravan dramáticamente el escenario para la población civil. Ante lluvias de esta magnitud, el riesgo de desbordamiento de presas y la vulnerabilidad de las viviendas —muchas de ellas en estado ruinoso— exponen a miles de cubanos a una emergencia humanitaria que el ejecutivo cubano carece de recursos y capacidad logística para mitigar.
La proximidad del huracán amenaza con agravar las precarias condiciones de vida en el oriente del país, una región históricamente olvidada por las políticas centralistas del gobierno cubano. La respuesta estatal, limitada a alertas institucionales, contrasta con la inminente realidad de una ciudadanía que deberá enfrentar las consecuencias de un desastre natural sin las herramientas ni el respaldo material necesario, profundizando aún más la crisis social y el desespero que impulsan el continuo éxodo migratorio desde la isla.