Las cadenas hoteleras españolas Iberostar y Meliá Hotels International estarían a punto de cesar la administración de sus establecimientos asociados con la empresa Gaviota S.A., brazo turístico del grupo militar GAESA. La decisión responde a la presión de las nuevas sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y al profundo colapso que atraviesa el sector turístico en la isla.
De acuerdo con un comunicado interno atribuido a Iberostar, la compañía española dejará de operar y comercializar una docena de hoteles a partir del próximo 1 de junio. Entre los establecimientos afectados figuran los emblemáticos Iberostar Grand Packard, Iberostar Selección Ensenachos e Iberostar Selection La Habana. Fuentes vinculadas a Meliá indicaron que la cadena adoptaría una medida similar, argumentando la necesidad de adaptarse al \»entorno regulatorio global\» y mantener los estándares de calidad de la marca frente a los bajos niveles de ocupación.
Presión de Washington y el factor GAESA
El movimiento de estas corporaciones se produce tras la actualización efectuada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE. UU., que incluyó al Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA) en su lista de nacionales especialmente designados. Bajo la Orden Ejecutiva 14404, Washington autoriza sanciones contra entidades extranjeras que operen en sectores estratégicos de la economía cubana o brinden apoyo financiero y material a personas bloqueadas. Las empresas tienen como plazo hasta el 5 de junio para desmontar sus transacciones con el conglomerado militar; tras esa fecha, las firmas que mantengan vínculos con Gaviota quedarán expuestas a severas medidas legales y financieras.
El impacto de estas medidas no se limita a la hotelería. Otras empresas españolas, desde entidades bancarias como Sabadell hasta proveedores de alimentos y materias primas, evalúan su salida temporal o definitiva de la isla para evitar represalias. A la presión regulatoria se suma el desplome estructural del turismo en Cuba. Años antes de la pandemia de COVID-19 y de las políticas de máxima presión aplicadas durante la administración de Donald Trump, el sector ya mostraba signos de agotamiento debido a la falta de inversión, el deterioro de la infraestructura y la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar un entorno competitivo y seguro.
Implicaciones para la economía de la isla
La inminente retirada de estos actores internacionales evidencia el aislamiento comercial al que se enfrenta el gobierno cubano por su dependencia de empresas controladas por el aparato militar. Este escenario agrava aún más la crisis económica que sufre la población, caracterizada por la hiperinflación, el desabastecimiento generalizado y un éxodo migratorio sin precedentes. La salida de capitales europeos no solo reduce el flujo de divisas que sostiene la frágil economía nacional, sino que priva a la ciudadanía de fuentes de empleo formales, dejando al descubierto la vulnerabilidad de un modelo económico subordinado a los intereses de la dictadura cubana y a la represión institucionalizada.