El recluso de nacionalidad india Dalvinder Singh Jagpal, recluido desde hace más de dos décadas en el penal habanero Combinado del Este, ha denunciado un incremento en el hostigamiento y las violaciones a sus derechos por parte de las autoridades penitenciarias, quienes lo mantienen bajo constante presión como represalia por exponer las condiciones infrahumanas del sistema carcelario cubano.
Según relató el propio Singh Jagpal mediante una llamada telefónica, el régimen de La Habana mantiene una política de censura y castigo dentro de sus prisiones para silenciar cualquier crítica. El recluso fue sometido a un régimen de aislamiento extremo desde el 21 de febrero hasta el 27 de marzo, una medida impuesta directamente por sus declaraciones a la prensa independiente. Durante este período, el penal se convirtió en un escenario de arbitrariedades continuas perpetradas por el personal de guardia contra los reclusos.
Las denuncias detallan acciones que constituyen claras vejaciones a la dignidad humana. El 21 de marzo, en plena madrugada, el jefe del edificio 3, teniente coronel José Andrés de Valle, junto a un guardia identificado como \»Rombo\», irrumpió en su celda, lo obligó a desnudarse y realizar cuclillas para inspeccionar su ropa. Posteriormente, el 9 de abril, el teniente Sergio y un oficial de apellido Savón repitieron la misma humillante requisa de manera exclusiva contra el recluso extranjero.
El acoso no se limitó a las agresiones físicas. Singh Jagpal reportó que los funcionarios le sustrajeron bienes personales y provisiones enviadas por su hija desde el extranjero. Entre los objetos robados figuran el mando del televisor —que había costado 15 dólares—, cabezales de afeitar, medicamentos analgésicos, un pomo de cloro y artículos de aseo. Además, los guardias destruyeron y esparcieron por el suelo alimentos como leche en polvo, azúcar y café, e incluso retiraron el grifo de su baño, provocando que la celda se inunde cada vez que se suministra agua. Al exigir la devolución de sus pertenencias, el jefe del edificio 3 se limitó a responder que no serían restituidas.
Condena arbitraria y abandono consular
La situación de Dalvinder Singh Jagpal ilustra el colapso institucional y la falta de garantías procesales que caracterizan a la dictadura cubana. El ciudadano indio permanece cautivo desde noviembre de 2002, cuando fue condenado a 10 años de prisión \»por convicción\», es decir, sin la existencia de pruebas ni testigos que lo vincularan al delito de corrupción de menores por el que se investigaba a otros huéspedes de la casa de alquiler donde se hospedaba. A pesar de haber cumplido la sentencia inicial hace años, su encierro se ha prolongado indefinidamente sin un proceso legal transparente.
A lo largo de su prolongado cautiverio, el prisionero ha sido víctima de torturas físicas y psicológicas, castigado por su insistencia en revelar la crisis humanitaria dentro de las prisiones de la isla y por exigir la intervención de la Embajada de la India para esclarecer su caso. La indiferencia del ejecutivo cubano frente a estos abusos y la ineficacia de los canales diplomáticos para garantizar la asistencia consular adecuada evidencian el desprecio del Estado por los derechos fundamentales, dejando a los reclusos en un estado de total desamparo frente a la maquinaria represiva.