Un autobús que transportaba trabajadores hacia la Zona Especial de Desarrollo del Mariel se volcó en la Carretera Central de Camagüey, dejando un saldo de dos fallecidos, incluido un menor de ocho años, y al menos 38 lesionados. El siniestro ocurrió en la conocida \»Curva de Ignacio\», un tramo vial señalado históricamente por su peligrosidad y la inacción de las autoridades de la isla para mitigar los riesgos.
El siniestro tuvo lugar durante la noche en el kilómetro 595 de la Carretera Central, en el municipio de Jimaguayú. El vehículo, procedente de Holguín, transportaba a empleados vinculados al proyecto del Mariel, junto a familiares y otros pasajeros. Tras salirse de la vía y volcar, el Sistema de Salud, el Cuerpo de Bomberos y efectivos del Ministerio del Interior activaron el protocolo de emergencia, trasladando a los heridos a diferentes centros hospitalarios de la provincia, incluyendo el Hospital Provincial Manuel Ascunce Domenech y el Hospital Pediátrico Eduardo Agramonte Piña.
Según informaciones proporcionadas por el director del hospital provincial, Rodolfo Domínguez Rosabal, el centro asistencial recibió a 31 de los lesionados, reportando a uno en estado crítico y a otros tres de gravedad al cierre de la jornada. Tres pacientes requirieron cirugías urgentes debido a traumatismos ortopédicos severos, incluyendo la amputación de un brazo. Por su parte, el director general de Salud en Camagüey, Carlos Morán, confirmó que los dos menores atendidos tras el impacto se encuentran fuera de peligro.
Negligencia estructural y exigencia ciudadana
El accidente ha desatado una ola de indignación en redes sociales, donde numerosos ciudadanos han cuestionado la inacción del régimen de La Habana frente a la infraestructura vial del país. La \»Curva de Ignacio\» es un punto crítico reconocido desde hace décadas, donde la falta de iluminación, el mal estado de las carreteras y la ausencia de señalización adecuada han cobrado vidas de manera recurrente. Los internautas exigen la implementación de soluciones técnicas por parte de ingenieros y arquitectos viales, cuestionando cuántas tragedias más serán necesarias para que el gobierno cubano asuma su responsabilidad y rediseñe el trazado.
Este nuevo lamentable suceso evidencia el colapso sistemático de los servicios públicos y la infraestructura en la isla, derivado de la falta de mantenimiento y de planificación estatal. La tragedia en Camagüey no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de la desidia institucional que caracteriza a la dictadura cubana, que prioriza el control político sobre la seguridad y el bienestar de la población. Mientras no exista una voluntad real para invertir en la preservación de la vida y la modernización de las vías, los ciudadanos seguirán sufriendo las consecuencias de un sistema que ha abandonado las necesidades más básicas de su pueblo.