La popular intérprete cubana Maikel Amelia publicó un extenso mensaje en sus redes sociales en el que, aunque reconoce la gravedad de la crisis que atraviesa la isla, insta a sus seguidores a \»vivir con más amor en medio del caos\» y a dejar de \»culpar a otros\» por las desgracias personales, generando una intensa controversia que ya acumula más de 6.000 comentarios y que muchos catalogan como un eco del discurso oficial del régimen.
En su publicación, la actriz —conocida por su papel de la Mayor Lucía en Tras la Huella y por participaciones en telenovelas como Viceversa— describe los tiempos actuales en Cuba como \»dificilísimos\» y enumera las carencias, las enfermedades, los apagones y la fragmentación familiar como parte del panorama cotidiano. Sin embargo, en lugar de señalar responsabilidades políticas o institucionales, Amelia aboga por un cambio de perspectiva individual: \»Cuando entendemos que somos responsables de nuestras vidas, dejamos de culpar a otros de nuestras desgracias o supuesta mala suerte\», escribió.
La frase ha sido el punto más controvertido de su mensaje. Para numerosos internautas, esa afirmación resulta especialmente irritante en un contexto donde la falta de libertades, el colapso del sistema eléctrico, la inflación galopante y la represión sistemática de la dictadura cubana han provocado el mayor éxodo migratorio de las últimas décadas. Culpabilizar al individuo de su situación, señalan los críticos, equivale a eximir al Estado de su responsabilidad directa en el desmoronamiento del país.
\»Resistencia creativa\» o evasión de la realidad
Amelia también invita a \»encontrar opciones o inventárnoslas\», una retórica que recuerda estrechamente la llamada \»resistencia creativa\» que las autoridades de la isla han promovido durante años como mecanismo para justificar la escasez y el deterioro de las condiciones de vida. La actriz asegura que ha \»redescubierto el agradecimiento\» pese a los apagones y las privaciones, y sostiene que \»todo se resuelve como por arte de magia\» cuando se cambia la perspectiva. Este tipo de planteamientos, aunque pueden resultar comprensibles desde una dimensión personal o espiritual, resultan profundamente cuestionables cuando se proyectan como mensaje colectivo en una sociedad donde la población no tiene acceso a bienes básicos, donde el sistema de salud está colapsado y donde disentir del gobierno conlleva consecuencias penales.
Otro pasaje que ha generado rechazo es aquel en el que Amelia señala que \»en ningún país del mundo, y en ningún sistema social existe igualdad\». La afirmación, técnicamente cierta en términos de igualdad absoluta, obvia deliberadamente la diferencia sustancial entre las desigualdades propias de sociedades democráticas —donde existen mecanismos de redistribución, libertad económica y control institucional— y la desigualdad estructural impuesta por el régimen de La Habana, donde el monopolio del poder político se traduce en privilegios para la élite gobernante y miseria generalizada para el resto de la población.
El contexto que el mensaje omite
La polémica de Maikel Amelia no puede desvincularse del momento que atraviesa Cuba. Más de un millón de personas han abandonado la isla en los últimos años, huyendo de un modelo económico agotado que el ejecutivo cubano se niega a reformar en profundidad. Los apagones prolongados, la escasez de medicamentos, la inflación no oficial que supera ampliamente los salarios estatales y la violencia represiva contra quienes protestan configuran un escenario que difícilmente se resuelve con \»cambios de perspectiva\» o actitudes individuales positivas.
Si bien es cierto que el optimismo y la resiliencia personal pueden ser herramientas válidas para sobrellevar la adversidad, cuando figuras públicas con amplia visibilidad mediática —cuyas carreras se han desarrollado en gran medida dentro de los espacios institucionales del Estado— difunden mensajes que desplazan la responsabilidad individual lo que era una obligación gubernamental, el efecto es profundamente desmovilizador. La respuesta de los cubanos en redes, dividida entre quienes celebran el mensaje y quienes lo repudian, refleja la fractura cada vez más visible entre quienes aún apelan a la resignación como forma de supervivencia y quienes exigen rendición de cuentas al poder.
El debate generado por la publicación de Maikel Amelia trasciende el ámbito personal de la actriz y pone sobre la mesa una pregunta incómoda: hasta qué punto los llamados a \»amar más\» en medio del caos no terminan funcionando, consciente o inconscientemente, como un complemento discursivo de una dictadura que necesita que la población acepte pacíficamente la degradación de sus condiciones de vida sin reclamar cambios estructurales. Para millones de cubanos que han elegido el camino del exilio o que enfrentan cotidianamente la represión por exigir sus derechos, la respuesta parece clara.