Una banda altamente organizada irrumpió en la Galería Apolo del Museo del Louvre de París y, en menos de siete minutos, sustrajo ocho piezas del joyero histórico francés, entre ellas la tiara de la emperatriz Eugenia y la corona de la reina María Amelia, en lo que constituye el robo más resonante desde la desaparición de la Mona Lisa en 1911.
El Ministerio de Cultura de Francia confirmó que las alarmas del recinto funcionaron correctamente y que el personal de seguridad presente aplicó el protocolo establecido. Sin embargo, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, reconoció públicamente la vulnerabilidad de las instalaciones: \»Somos muy conscientes de que los museos franceses son vulnerables\», admitió el funcionario, reavivando el debate sobre la protección del patrimonio nacional galo.
Según el relato oficial, los delincuentes estacionaron un camión equipado con una escalera extensible en la vía pública, ascendieron hasta el segundo piso del edificio y forzaron el acceso a la galería. Una vez en el interior, se dirigieron con precisión hacia dos vitrinas que custodiaban los restos de las joyas de la Corona francesa, rompieron los expositores y huyeron con el botín. La operación entera se ejecutó a escasos metros de obras cumbres como la Mona Lisa.
Piezas de incalculable valor histórico
Entre los objetos sustraídos figuran el collar de María Luisa, esposa de Napoleón I, un par de pendientes y una tiara que perteneció a la emperatriz Eugenia, consorte de Napoleón III. Los ladrones también se apoderaron de piezas utilizadas por María Amelia, esposa del rey Luis Felipe I, y por la reina Hortensia de Holanda. La corona de María Amelia fue robada, mientras que una corona de la propia Eugenia apareció posteriormente cerca del museo con daños visibles, aparentemente caída durante la precipitada huida de los asaltantes.
El comunicado ministerial detalló que cinco empleados del Louvre presentes en la zona siguieron el protocolo: contactaron a las fuerzas de seguridad y protegieron a los visitantes. Además, los asaltantes intentaron incendiar el vehículo utilizado en el operativo, pero un trabajador del museo logró impedirlo. Las autoridades francesas investigan activamente el caso y señalan que los grupos criminales especializados evitan sustraer pinturas célebres —imposibles de exhibir o vender— y prefieren joyas que pueden desmontarse y comercializarse por partes en el mercado informal.
Una tendencia alarmante de asaltos patrimoniales
El golpe encaja en una preocupante secuencia de robos recientes en territorio francés. En septiembre, delincuentes sustrajeron oro en estado mineral del Museo de Historia Natural de París, valorado en aproximadamente 600.000 euros, y ese mismo mes, porcelana por un valor de 6 millones de euros fue robada de un museo en Limoges. Los investigadores no descartan la posibilidad de que el botín del Louvre haya sido sustraído por encargo de un comprador extranjero.
El Louvre, con 230 años de historia y medidas de seguridad rigurosas, ha registrado relativamente pocos incidentes de este tipo. El antecedente más reciente se remonta a 1998, cuando el paisaje \»Le Chemin de Sèvres\» de Camille Corot fue retirado de una pared sin testigos y jamás recuperado. El episodio más célebre sigue siendo el de 1911, cuando un nacionalista italiano pasó la noche oculto en un armario, sustrajo la Gioconda del marco y salió con el cuadro bajo el brazo para \»devolverla\» a Italia. La obra apareció en 1914 y regresó al museo.
Los especialistas temen que, sin arrestos inminentes, el daño patrimonial sea irreparable. Coronas y diademas pueden desarmarse y venderse en fragmentos; incluso diamantes grandes y reconocibles pueden volver a tallarse para hacerlos indetectables. Aunque el precio final por piezas sueltas no alcance el valor del conjunto histórico, seguirá siendo considerable, advierten fuentes consultadas por la BBC. El robo tuvo lugar en la Galería Apolo, un salón concebido como escaparate de la monarquía francesa, situado a pocos pasos de la obra más vigilada del planeta, lo que subraya la audacia y profesionalismo de los responsables.