Más de 90.000 residentes en la provincia de Las Tunas enfrentan una severa crisis de abastecimiento de agua, una emergencia que el régimen de La Habana atribuye a la sequía y la falta de inversión, pero que responde al profundo deterioro de la infraestructura nacional y la ineficiencia estatal. Barrios enteros de la ciudad cabecera permanecen sin el líquido vital, con un panorama que las propias autoridades admiten que no mejorará a corto plazo.
La prensa oficialista ha reconocido que los puntos terminales de los circuitos y las zonas más altas de la ciudad son los más desfavorecidos. David Legrá Hernández, director de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Acueducto y Alcantarillado en el municipio cabecera, admitió que la crisis energética que atraviesa la isla interfiere directamente con la distribución. Los apagones prolongados dejan sin energía eléctrica a las estaciones de bombeo durante noches enteras, retrasando la llegada del agua a los hogares hasta por siete horas en el caso de fuentes como Piedra Hueca o la presa Cayojo.
Ante la incapacidad de ofrecer soluciones, las autoridades de la isla han optado por la habitual estrategia de responsabilizar a la ciudadanía. Los reportes oficiales reprochan la \»poca disponibilidad de reservorios\» y la \»escasa visión de ahorro\» de los tuneros, ignorando que la imposibilidad de adquirir tanques o materiales de construcción es consecuencia directa del colapso económico y la inflación galopante. El ejecutivo cubano reconoce que el \»muro económico\» impide las inversiones necesarias, mientras las tuberías añejas superan cualquier intento de optimización y las deudas en reparaciones se acumulan sin respuesta.
Una crisis hídrica que azota a toda la Isla
El desabastecimiento en Las Tunas no es un caso aislado, sino el síntoma de una crisis estructural que se extiende por todo el territorio nacional. En Sancti Spíritus, más de 35.000 habitantes sufren la escasez del líquido, recibiendo el servicio de pipas en ciclos que oscilan entre 10 y 15 días. En Santiago de Cuba, la situación ha llegado a un punto crítico donde ciudadanos corren desesperados detrás de los camiones cisterna, y en redes sociales proliferan ofertas de compra y venta de agua a precios exorbitantes. Incluso en La Habana, la falta del recurso ha derivado en protestas populares, como el bloqueo de la calle Reina por parte de vecinos afectados por un derrumbe que exigieron la atención del gobierno.
El pronóstico para los próximos meses es desalentador. Con las lluvias escasas en cuencas clave y un sistema de acueductos en ruinas, la dictadura cubana no ofrece más que recortes en el suministro para \»proteger\» las menguantes reservas. Mientras el régimen de La Habana se muestra incapaz de garantizar el acceso a un derecho humano fundamental como el agua, la ciudadanía se ve empujada a la desesperación y al mercado negro. Esta profunda vulneración de los servicios básicos, sumada a la represión y el colapso generalizado, continuará alimentando el incesante éxodo migratorio y la indignación social en la isla.