La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) confirmó que cerca de la mitad del territorio nacional continuará sumido en apagones prolongados, con un déficit de generación que supera los 1.480 megavatios (MW) en el horario pico. La crisis, atribuida a la falta de combustibles y averías en infraestructuras obsoletas, evidencia el fracaso de las políticas energéticas del régimen de La Habana y deja a la población a merced de un colapso sistémico.
Según el informe emitido por la empresa estatal, el sistema eléctrico nacional sufrió interrupciones continuas durante las 24 horas del sábado, extendiéndose durante toda la madrugada del domingo. La máxima desconexión registrada alcanzó un déficit de 1.486 MW. En las provincias orientales, los cortes superan las 20 horas diarias, mientras que en La Habana, históricamente protegida, los apagones llegan a las 10 horas, reflejando la magnitud de la emergencia y el agotamiento de las redes.
Las autoridades de la isla detallaron que las afectaciones responden a una combinación de roturas en centrales termoeléctricas clave —como la Unidad 2 de Felton, la Unidad 3 de Santa Cruz y la Unidad 8 de Mariel— y mantenimientos programados que no logran mitigar la crisis. A esto se suma la indisponibilidad de 427 MW por limitaciones térmicas. Sin embargo, el factor más crítico es la escasez de insumos: 52 centrales de generación distribuida están inoperantes por falta de combustible y 137 MW se perdieron por la ausencia de lubricantes, totalizando 604 MW fuera de servicio por desabastecimiento directo.
El reflejo de una crisis estructural
Esta emergencia energética no es un evento aislado, sino la culminación de años de mala gestión y falta de inversión por parte del gobierno cubano. El deterioro de la infraestructura nacional coincide con una inflación galopante, un desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y un éxodo migratorio sin precedentes. La incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar un servicio básico como la electricidad ahonda la pobreza energética de los ciudadanos, quienes deben enfrentar altas temperaturas sin posibilidades de refrigerar alimentos o mantener comunicaciones.
Ante la inminente llegada del horario de mayor consumo, donde la demanda alcanzará los 3.250 MW frente a una disponibilidad de apenas 1.770 MW, la perspectiva para la población es desalentadora. La dictadura cubana continúa sin ofrecer soluciones estructurales, limitándose a informar sobre déficits que castigan el diario vivir. Mientras la falta de combustible y la obsolescencia técnica mantengan rehén a la red eléctrica, la presión social sobre el régimen de La Habana seguirá escalando en un entorno ya marcado por la represión y la falta de libertades.