El informe del centro de investigación de la Universidad de Gotemburgo ubica a la isla en el extremo más duro del mapa político regional, destacando la inexistencia de apertura política y la persistente violación de las libertades fundamentales.
El Reporte sobre la democracia del Instituto V-Dem (Varieties of Democracy) correspondiente a 2026 clasifica a Cuba en la categoría de \»autocracia cerrada\», compartiendo este diagnóstico únicamente con Haití en toda América Latina y el Caribe. El exhaustivo estudio, que evalúa a 179 naciones, no incluye a la isla ni entre los países que avanzan hacia la democratización ni entre los que sufren un deterioro coyuntural. Para los analistas, el caso cubano no representa una regresión reciente, sino la consolidación de un sistema asentado de manera permanente en el autoritarismo más estricto.
En la tabla global de puntajes, el régimen de La Habana aparece en el puesto 161 del Índice de Democracia Liberal (LDI), con una exigua puntuación de 0,06. Las autoridades de la isla también figuran en posiciones alarmantes en componentes clave: lugar 148 en democracia electoral (0,18), 162 en componente liberal (0,15) y 169 en componente participativo (0,13). Aunque el informe otorga a Cuba un 0,74 en el componente igualitario —ubicándola en el puesto 52—, esta cifra no altera el diagnóstico central que retrata al país en la zona más baja del desempeño democrático mundial, donde el poder se ejerce sin control ni contrapesos institucionales.
Estancamiento político y represión sistemática
Un aspecto revelador del análisis es que la dictadura cubana no presenta mejoras ni deterioros estadísticamente significativos en la última década. A diferencia de otras naciones del bloque autoritario que han experimentado procesos de autocratización acelerada, el sistema impuesto en la isla se mantiene inalterable en su estructura cerrada y antidemocrática. Esta inmovilidad política se sostiene gracias a la censura, la persecución a opositores y la represión social, herramientas que el ejecutivo cubano utiliza de forma constante para impedir cualquier atisbo de transformación o exigencia de derechos por parte de la ciudadanía.
El estancamiento institucional reflejado por V-Dem corre en paralelo a la profunda crisis estructural que atraviesa la nación. La falta de mecanismos democráticos ha impedido cualquier corrección de rumbo frente al colapso de los servicios públicos, la hiperinflación, el desabastecimiento crónico y el masivo éxodo migratorio. Al aislar a la mayor de las Antillas en el extremo más duro del mapa político latinoamericano, el informe evidencia cómo la ausencia total de libertades es el factor determinante en el declive social y económico del país.
Para la comunidad internacional, los resultados del informe representan un nuevo llamado de atención sobre la realidad cubana. Mientras otras naciones de la región experimentan fluctuaciones entre avances y retrocesos democráticos, la permanencia de Cuba en la categoría de autocracia cerrada proyecta un horizonte de incertidumbre y sufrimiento para la población, condicionado a que no exista una genuina apertura política que desmantele el aparato represivo y restituya las garantías democráticas.