El reconocido director teatral y barítono Ulises Aquino Guerra manifestó su indignación ante las recientes advertencias de Miguel Díaz-Canel, quien amenazó con cerrar negocios privados que superen los planes de consumo eléctrico, incluso si estos pueden costear el excedente. La declaración del artista refleja un creciente rechazo social hacia las políticas del ejecutivo cubano en medio de la profunda crisis energética y económica que atraviesa la isla.
A través de un texto publicado en sus redes sociales, Aquino Guerra criticó la manera en que el gobernante exige inspeccionar los emprendimientos privados para verificar el cumplimiento de los planes energéticos. El artista subrayó que el sector no estatal es el principal motor de la economía nacional actual, destacando que, a pesar de pagar altos impuestos, ofrece mejores salarios que las empresas estatales. Para el intelectual, las palabras del mandatario evidencian un desconocimiento total del papel fundamental que juega la iniciativa privada en la sostenibilidad del país.
En su publicación, Aquino Guerra responsabilizó directamente al gobierno cubano por el deterioro de los servicios públicos y el colapso infraestructural. Señaló que el Estado es el único responsable de la crisis energética por no haber reparado a tiempo las termoeléctricas y por priorizar la construcción de hoteles en detrimento de las necesidades básicas de la población. Asimismo, condenó el despilfarro de recursos en burocracia y propaganda, así como las históricas restricciones a la producción y la pesca que han ahogado el desarrollo de fuerzas productivas alternativas durante seis décadas.
El fracaso del modelo estatal y la crisis social
Aquino Guerra también arremetió contra el lenguaje oficial utilizado para maquillar la realidad, argumentando que no se trata de sectores \»vulnerables\», sino de personas miserables, hambrientas e indigentes producto de las políticas implementadas. El creador teatral vinculó esta situación con el fracaso de medidas económicas recientes como la Tarea Ordenamiento, tras la cual el país perdió su capacidad de producción de alimentos básicos como el azúcar y los huevos, profundizando el desabastecimiento generalizado.
Las declaraciones del intelectual se insertan en un contexto de agudización de la crisis estructural que sufre la isla. El régimen de La Habana enfrenta apagones diarios, inflación descontrolada y un desabastecimiento crónico que ha provocado el cierre de numerosos negocios y un éxodo migratorio sin precedentes. La amenaza de clausurar el sector privado, uno de los pocos que mantiene cierta dinamización económica, se percibe como un acto de represión económica que ahonda en la incertidumbre ciudadana.
Finalmente, el director teatral lamentó la pérdida de esperanza de una población que ha optado por el silencio o la emigración forzada ante la falta de un proyecto de futuro y la constante persecución política. La crítica de Aquino Guerra se suma a las voces disidentes que, desde la sociedad civil, advierten sobre la incapacidad de la dictadura cubana para resolver las urgencias nacionales, depositando su confianza en la resiliencia del pueblo para revertir el colapso.