El politólogo Juan Antonio Blanco plantea en un nuevo dosier que la asistencia externa, incluyendo la intervención de Estados Unidos, resulta \»imprescindible\» para derrocar al régimen cubano ante la imposibilidad de que una ciudadanía desarmada y asfixiada enfrente por sí sola a la maquinaria represiva de la isla.
El documento, elaborado por el laboratorio de ideas Cuba Siglo 21, argumenta que la soberanía nacional fue anulada por la dictadura desde 1959. Ante el colapso estructural que mantiene a la población sin acceso a servicios básicos, sometida a apagones prolongados y bajo un cerco represivo constante, el texto sostiene que la disyuntiva actual no es entre soberanía e injerencia, sino entre la perpetuación del control totalitario y una alianza externa para restablecer las libertades ciudadanas. Blanco subraya que resulta éticamente inviable exigir a un pueblo \»desarmado y hambreado\», además desconectado por la censura digital, que se enfrente a una \»maquinaria estatal brutal y armada\».
La tesis presentada establece una clara diferencia entre lo \»preferible\» y lo \»imprescindible\». Aunque el escenario ideal sería una transición pacífica impulsada exclusivamente desde el interior, las autoridades de la isla han garantizado la inexistencia de condiciones reales para tal fin mediante la persecución política, el encarcelamiento de opositores y el desmantelamiento de la sociedad civil. En consecuencia, el autor califica la participación decisiva de Washington como el único mecanismo viable para derrotar al que describe como un \»despotismo mafioso del siglo XXI\», instando a la oposición y al exilio a abandonar el rechazo automático a cualquier forma de ayuda externa eficaz.
Tensión diplomática y amenazas a la seguridad nacional
Este debate intelectual surge en un momento de máxima tensión diplomática entre La Habana y Washington, comparable a la Crisis de los Misiles. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha catalogado a Cuba como un problema de seguridad nacional para Estados Unidos, señalando la presencia de actores como Rusia y China en el territorio insular. La perspectiva del gobierno estadounidense advierte que un Estado fallido a 90 millas de sus costas, gobernado por aliados de sus adversarios geopolíticos, representa una amenaza directa que trasciende la crisis interna cubana y compromete la estabilidad regional.
Por su parte, el régimen de La Habana ha respondido con una retórica de victimización para desviar la atención de su responsabilidad en la crisis. La viceministra de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal, afirmó durante una audiencia legislativa que \»crece el peligro de agresión militar\» por parte de Washington, acusando al ejecutivo estadounidense de fabricar pretextos. Aunque reconoció que el canal bilateral permanece abierto, admitió la falta de avances significativos en el intercambio entre ambas naciones.
Para sustentar su posición, el dosier traza un paralelismo histórico con la Guerra de Independencia de 1895-1898, recordando cómo figuras como Máximo Gómez recurrieron a la diplomacia con Estados Unidos ante el deterioro humanitario y militar frente al dominio español. La propuesta de Cuba Siglo 21 reabre un debate profundo dentro de la disidencia y el exilio, obligando a reflexionar sobre las implicaciones políticas de una crisis sistémica que, sin resolución a la vista, amenaza con profundizar el sufrimiento de la ciudadanía y aislar aún más al país del orden democrático internacional.