La provincia de Sancti Spíritus abrirá sus puertas en el próximo curso lectivo con apenas un 68% de cobertura docente, reflejando un déficit de unos 2.000 maestros. La situación, que obliga a las autoridades a emplear estudiantes y profesionales no capacitados para suplir vacantes, se replica en territorios como Holguín, donde el colapso de la infraestructura ha forzado el cierre de instituciones educativas.
La crisis del sector educativo en Cuba continúa profundizándose frente al inicio del período 2025-2026. En el caso del territorio espirituano, el déficit de educadores ronda los 2.000, lo que deja la cobertura en un nivel alarmante, según reconoció el medio oficial Escambray. Ante la incapacidad del gobierno cubano para garantizar la planta docente, las autoridades provinciales han recurrido a medidas de emergencia, tales como el regreso de 300 profesores retirados y la sobrecarga laboral de los maestros en activo.
La falta de personal ha llevado al régimen de La Habana a improvisar soluciones que comprometen la calidad de la enseñanza. Unos 70 universitarios de tercer y cuarto año serán utilizados para cubrir aulas bajo la modalidad de prácticas laborales, mientras que 300 egresados de escuelas pedagógicas y profesionales de otras ramas, como economistas y contadores, serán asignados para impartir asignaturas exactas como Matemáticas. Adicionalmente, la iniciativa denominada \»Educando por amor\» ha convocado a 50 estudiantes de carreras técnicas y humanísticas para asistir en la labor docente, evidenciando la ausencia de una estrategia estructural por parte del ejecutivo cubano.
Colapso estructural y reordenamiento forzado en Holguín
El deterioro no se limita a la falta de personal. En la provincia de Holguín, el abandono de las instalaciones ha provocado el cierre definitivo de la secundaria básica Dagoberto Sanfield, cuyo estado de ruina impide cualquier reparación eficiente, según admitió Luis Felipe Batista Rodríguez, director general de Educación en el territorio. Bajo el eufemismo de \»reordenamiento de la red escolar\», las autoridades de la isla han clausurado anexos, trasladado estudiantes y reconvertido escuelas inutilizables en palacios de pioneros y campamentos, alegando una supuesta optimización de recursos en siete municipios.
Estas deficiencias son el reflejo directo del colapso sistémico que atraviesa la nación. La precariedad salarial, la hiperinflación y el desabastecimiento crónico han empujado a miles de educadores al éxodo migratorio o al sector privado, abandonando las aulas públicas. La dictadura cubana, lejos de reconocer el fracaso de su modelo, maquilla la escasez de matrícula y de personal con planes de unificación que en la práctica significan el desmantelamiento gradual del sistema educativo público, otrora presentado como uno de los pilares de la revolución.
El panorama que enfrentan los estudiantes cubanos en este nuevo curso lectivo es profundamente desalentador. Con un sistema educativo diezmado por la falta de recursos, infraestructuras en ruinas y aulas impartidas por personal improvisado, las nuevas generaciones ven comprometido su derecho a una enseñanza de calidad. La continuidad de estas políticas por parte del régimen, sin voluntad real de apertura o reforma, augura un deterioro aún mayor en la formación académica de la ciudadanía, con consecuencias a largo plazo para el desarrollo social y económico del país.