El régimen de La Habana ha lanzado una ofensiva mediática contra el medio estadounidense Axios, acusándolo de actuar como un supuesto canal de filtración del Departamento de Estado. La denuncia, publicada por el portal oficialista Cubadebate, se centra en el uso de fuentes anónimas gubernamentales y evidencia la profunda incomodidad del gobierno cubano ante la divulgación de informaciones sobre sus discretas gestiones diplomáticas y el colapso de la isla.
El análisis del Observatorio de Medios del aparato propagandístico cubano revisó una decena de artículos publicados entre enero y abril, cuestionando la centralidad de funcionarios estadounidenses no identificados. Entre los reportes señalados figura el que destapó presuntas conversaciones secretas entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del exmandatario Raúl Castro. Si bien las autoridades de la isla negaron inicialmente estos contactos, terminaron admitiéndolos en marzo, lo que expone una estrategia de opacidad gubernamental que la prensa internacional intentó sortear.
La crítica oficial omite estratégicamente señalamientos sobre la falsedad de los reportes y se enfoca en desacreditar la procedencia de la información. Además, el estudio obvió deliberadamente un artículo de Axios que citaba un informe sobre el presunto envío de entre 1.000 y 5.000 combatientes cubanos a apoyar la invasión rusa de Ucrania, un tema de alta sensibilidad para la dictadura. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla aprovechó sus redes sociales para amplificar la queja estatal, acusando a plataformas como X, Facebook e Instagram, así como a la prensa independiente, de actuar como \»amplificadores\» de estas publicaciones.
Opacidad informativa ante el colapso estructural
Esta embestida contra la prensa extranjera y los medios independientes encaja en el patrón habitual de la dictadura cubana de criminalizar la circulación de información que no esté controlada por el Estado. El ataque a Axios ocurre en un contexto de agudización de la crisis sistémica de la isla, marcada por una hiperinflación galopante, el colapso de los servicios públicos y un éxodo migratorio sin precedentes. Al intentar desviar el foco hacia supuestas conspiraciones mediáticas impulsadas desde Washington, el ejecutivo cubano busca evadir su responsabilidad directa en el deterioro económico y social, incluso cuando reportes independientes confirman que las políticas de presión internacional han tensado aún más la frágil economía nacional.
La diatriba contra Axios no presenta pruebas de conductas impropias por parte del medio estadounidense, limitándose a cuestionar el uso de fuentes oficiales que han generado malestar en la cúpula de poder. Esta actitud reafirma el rechazo del régimen a la transparencia informativa y anticipa una mayor represión y censura contra el periodismo que intente documentar las negociaciones y contradicciones del gobierno cubano en un escenario de creciente aislamiento y escrutinio internacional.