Dos familias de Quebec reportaron una experiencia \»traumatizante\» en el resort Grand Memories Santa María, evidenciando el profundo deterioro de la infraestructura turística de la isla. El caso se produce en medio de alertas del gobierno canadiense sobre la crisis estructural que atraviesa el país caribeño.
Las turistas, quienes viajaron mediante la agencia Sunwing Vacations, describieron hallar camas sucias, duchas inoperativas, moho y ausencia de papel higiénico en sus habitaciones. Aunque la agencia y el hotel procedieron a cambiarlas de habitación en dos ocasiones, las precarias condiciones persistieron. Stephanie Meunier, una de las afectadas, señaló que gran parte de su viaje lo pasaron en el lobby buscando soluciones sin éxito, expresando su deseo de recibir una disculpa y compensación por parte de la empresa turística.
Ante las denuncias, Sunwing confirmó que las viajeras reportaron mordidas atribuibles a chinches de cama. La compañía aseguró, mediante un comunicado, que ofreció asistencia médica —la cual fue rechazada por los huéspedes— y realizó una inspección que no halló evidencia de los insectos. No obstante, como medida de precaución, el establecimiento reemplazó la ropa de cama y las toallas en dos ocasiones, sin lograr revertir la percepción de abandono e insalubridad que padecieron los visitantes.
El reflejo del colapso estructural
El estado del hotel Grand Memories Santa María no es un caso aislado, sino un reflejo del colapso estructural que atraviesa la isla. El régimen de La Habana ha priorizado históricamente la captación de divisas a través del turismo, pero la falta de mantenimiento, la escasez de suministros y la ineficiencia burocrática han mermado drásticamente la calidad de los servicios. A esta crisis se suman los apagones constantes, la falta de combustible y la inflación galopante, factores que impactan directamente en la experiencia de los visitantes y en la calidad de vida de los cubanos.
La gravedad de la situación ha trascendido las quejas individuales y se ha materializado en advertencias oficiales. El gobierno canadiense ha solicitado a sus ciudadanos mantener un \»alto grado de precaución\» si planean viajar a Cuba, alertando sobre la escasez \»crónica y severa\» de alimentos, agua embotellada, combustible y suministros médicos. Las autoridades de la isla enfrentan serias dificultades para garantizar servicios básicos, lo que limita la movilidad de los turistas y agrava la crisis del sector.
La actualización de los avisos de viaje por parte de Ottawa, que incluye recomendaciones para evitar manifestaciones y zonas de concentración, subraya la inestabilidad social y la represión ejercida por la dictadura cubana contra la ciudadanía. Mientras el ejecutivo cubano intenta maquillar una imagen de normalidad turística, testimonios como el de estas familias y las alertas internacionales evidencian el desgaste del modelo. La pérdida de confianza en el destino Cuba podría acarrear severas consecuencias económicas para un sistema que depende cada vez más del turismo y las remesas para sostenerse en medio de la profunda crisis.