Una decena de altos funcionarios y familiares del general Raúl Castro viajaron a Estados Unidos entre 2012 y 2016 amparados por pasaportes diplomáticos, gastos cubiertos y protección especial, según documentos oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) filtrados recientemente. Estos desplazamientos, ocurridos durante el acercamiento diplomático entre ambos países, exponen los privilegios de la élite gobernante frente a la precariedad que sufre la población.
El reporte, basado en archivos internos del MINREX, detalla que entre los beneficiarios de estas prerrogativas figuran Mariela Castro Espín y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, apodado \»El Cangrejo\». Las notas diplomáticas emitidas por el régimen de La Habana solicitaban visas no solo para la familia del exmandatario, sino también para altos oficiales del Ministerio del Interior (MININT), como Humberto Francis Pardo y Rafael Arturo Fong Puig. Las solicitudes incluían estancias prolongadas de casi tres semanas en territorio estadounidense, justificadas oficialmente bajo la asistencia a eventos protocolares de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
En septiembre de 2015, una comunicación oficial confirmó la presencia de los escoltas personales de Raúl Castro en Nueva York, con un permiso de estadía del 20 de septiembre al 8 de octubre y resguardo especial otorgado por Washington. Por su parte, Mariela Castro viajó en abril de ese mismo año junto a sus hijos y su esposo, Paolo Titolo, bajo el pretexto de asistir a la Comisión de Población de la ONU. El interés de la directora del CENESEX por ingresar a EE.UU. ya había generado fricciones en el Congreso estadounidense en 2012, cuando recibió una visa para un evento académico en San Francisco, lo que motivó el rechazo de legisladores y organizaciones políticas.
Privilegios de la élite frente al colapso nacional
La revelación de estos viajes lujosos contrasta de manera abrupta con la realidad que enfrentan los cubanos comunes. Mientras las autoridades de la isla disfrutan de inmunidad diplomática y movilidad internacional sin restricciones, la ciudadanía sufre un colapso sistémico marcado por la hiperinflación, los apagones interminables y el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas. La dictadura cubana impone a la mayoría de la población un sistema de apartheid que les prohíbe acceder a hoteles, divisas y libertades de movimiento que la cúpula militar y sus herederos ejercen a su antojo.
Ante estas revelaciones, el Departamento de Estado de Estados Unidos evitó referirse a casos individuales de hace una década, pero emitió una declaración que califica de \»bien conocida\» la hipocresía del régimen. Un portavoz señaló que, mientras el pueblo cubano sobrevive en la pobreza extrema y sin electricidad, los funcionarios y la élite del gobierno cubano continúan disfrutando de lujos y viajes frecuentes al extranjero. Estas filtraciones no solo comprometen la narrativa oficial de un Estado sitiado, sino que refuerzan las demandas de la comunidad internacional y el exilio para endurecer las políticas migratorias y de concesiones diplomáticas hacia los altos mandos de la isla.