Hasta 25.000 cubanos podrían sumarse a las filas del ejército ruso para combatir en Ucrania, lo que convertiría a la isla en el principal proveedor de tropas extranjeras para Moscú, por encima incluso de Corea del Norte. La revelación, expuesta por la revista Forbes con base en informaciones de inteligencia ucraniana, evidencia la profundidad de la crisis económica cubana y la presunta complicidad del régimen de La Habana en el reclutamiento de mercenarios.
Las declaraciones de altos funcionarios rusos y ucranianos confirman el alcance de esta operación. Andrey Kartapolov, jefe del Comité de Defensa de la Duma Estatal rusa, aseguró recientemente que Moscú da la bienvenida a los cubanos que deseen unirse a sus fuerzas armadas. Por su parte, el portavoz de la inteligencia militar ucraniana, Andriy Yusov, presentó evidencias ante el Congreso de Estados Unidos, destacando que para el Kremlin resulta altamente rentable emplear combatientes foráneos, ya que sus bajas no generan protestas familiares internas ni pagos compensatorios en territorio ruso.
Un cable del Departamento de Estado de EE. UU. estima que entre 1.000 y 5.000 cubanos ya se encuentran en el frente de batalla. Cifras aportadas por la parlamentaria ucraniana Oleksandra Ustinova elevan el reclutamiento total a unos 20.000 ciudadanos de la isla, de los cuales al menos 40 han perdido la vida en combate, según pasaportes incautados. Este flujo de combatientes responde a la urgencia del Kremlin tras superar el millón de bajas desde el inicio de la invasión, recurriendo masivamente a reclutas de África, Asia Central y América Latina para sostener sus operaciones ofensivas.
El colapso económico como motor del reclutamiento
El factor determinante detrás de esta migración hacia el conflicto bélico es el colapso estructural de la economía cubana. Mientras el régimen de La Habana mantiene salarios promedio que apenas alcanzan los 20 dólares mensuales en medio de una hiperinflación y un desabastecimiento crítico, Rusia promete pagos de 2.000 dólares mensuales. Expertos como Cristina López-Gottardi, de la Universidad de Virginia, señalan que esta disparidad económica actúa como un poderoso imán para una población desesperada. Analistas coinciden en que una operación de esta envergadura sería inviable sin la aprobación tácita del gobierno cubano, el cual se lava las manos públicamente mientras se beneficia de las remesas enviadas por los combatientes.
Para la dictadura cubana, esta alianza con Moscú no solo representa un alivio financiero encubierto, sino también un respaldo ideológico frente a Washington. Como advierte el politólogo Alexander Motyl, el dinero que ingresa a la isla inyecta divisas muy necesarias en una economía en ruinas, permitiendo al ejecutivo cubano atribuirse el mérito y reforzar su retórica \»revolucionaria\». La denuncia de estas prácticas por parte de organizaciones como la Asamblea de la Resistencia Cubana ante el Senado de Estados Unidos pone de relieve la urgencia de una respuesta internacional firme frente a la instrumentalización de la ciudadanía por parte de las autoridades de la isla y su implicación en un conflicto internacional.