La National Endowment for Democracy (NED) entregó este martes en el Congreso de Estados Unidos su máxima distinción al líder opositor cubano Oswaldo Payá Sardiñas, fallecido hace 13 años en circunstancias que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) calificó como un crimen de Estado perpetrado por el régimen de La Habana.
La ceremonia, celebrada en Washington con la asistencia de congresistas, diplomáticos y defensores de derechos humanos, reunió a la familia del fundador del Movimiento Cristiano Liberación, quien recibió el reconocimiento de manera póstuma. Damon M. Wilson, presidente y director ejecutivo de la NED, destacó la trayectoria del disidente y subrayó que su legado reafirma el compromiso de la organización con el pueblo cubano hasta el alcance de su libertad.
Ofelia Acevedo, viuda de Payá, y su hija Rosa María Payá, actual integrante de la CIDH, intervinieron durante el acto para recordar la vigencia de la lucha democrática en la isla. Acevedo enfatizó que los derechos y la libertad deben ser prioridad absoluta, mientras que Rosa María Payá señaló que, pese a la miseria, la represión y el exilio forzado de millones de cubanos, la ciudadanía continúa exigiendo sus derechos. Asimismo, agradeció el homenaje y aseguró que el sacrificio de su padre y de Harold Cepero sigue impulsando la lucha por la democracia en Cuba y en el continente.
Un crimen de Estado sin justicia
Oswaldo Payá y el joven activista Harold Cepero perdieron la vida el 22 de julio de 2012 en un supuesto accidente automovilístico en la provincia de Granma. Durante más de una década, las autoridades de la isla sostuvieron la versión de un siniestro vial, impidiendo cualquier investigación independiente y hostigando a los familiares que exigían esclarecer los hechos. Sin embargo, en 2023 la CIDH concluyó, tras un exhaustivo proceso, que la dictadura cubana fue directamente responsable de ambas muertes, confirmando que se trató de un asesinato planificado y ejecutado por agentes del Estado.
El reconocimiento de la NED se produce en un contexto de profundización de la crisis estructural que atraviesa Cuba, marcada por la inflación galopante, el colapso de los servicios básicos, el éxodo migratorio masivo y la persistente represión contra quienes intentan organizarse al margen del control oficial. Payá, impulsor del Proyecto Varela —una iniciativa que recogió más de 25.000 firmas para demandar reformas democráticas dentro del marco legal vigente— representó durante décadas una de las voces más incómodas para el poder, precisamente por su apuesta por la no violencia y la exigencia de cambios mediante mecanismos cívicos.
Cada 22 de julio, activistas y organizaciones de derechos humanos conmemoran la fecha como símbolo de resistencia frente a la represión sistemática de la dictadura. El homenaje póstumo de la NED no solo reivindica la figura de Payá y Cepero, sino que pone de nuevo bajo escrutinio internacional la impunidad con la que el régimen de La Habana ha operado durante más de seis décadas frente a crímenes cometidos contra opositores pacíficos, un patrón que la comunidad democrática sigue señalando sin que ello haya traducido aún en consecuencias tangibles para los responsables.