La cantante Haila María Mompié se ha convertido en la imagen de una campaña publicitaria para la venta de automóviles Mercedes-Benz en La Habana, un anuncio que ha generado un amplio rechazo social. La promoción de vehículos de alto gama contrasta de manera abrupta con la dramática situación económica que atraviesa la isla, donde el salario mínimo estatal no alcanza para cubrir las necesidades básicas de alimentación.
En el anuncio, difundido por la empresa mixta MCV Comercial S.A., la intérprete conduce uno de los automóviles del concesionario y asegura que los precios ofrecidos son \»competitivos\» frente a la importación privada, además de ahorrar trámites burocráticos. MCV Comercial opera desde 1995 como distribuidor oficial de la marca alemana en el país y mantiene talleres en varias provincias, incluyendo Pinar del Río, Matanzas, Santa Clara y Santiago de Cuba. Sin embargo, el mensaje publicitario ha chocado frontalmente con la realidad que viven millones de cubanos a diario.
La reacción en redes sociales ha sido de indignación, con ciudadanos comunes cuestionando la pertinencia de ofertar autos de lujo en un país donde el salario mínimo ronda los 2.100 pesos cubanos, una cantidad insuficiente para adquirir alimentos básicos en los mercados agropecuarios. Los comentarios de los internautas reflejan la frustración de una población que ve cómo profesionales de la salud o maestros no logran acceder a bienes elementales, mientras se promociona un producto inalcanzable para el trabajador promedio.
El contraste de la élite frente al colapso nacional
Esta campaña publicitaria pone de manifiesto la profunda desigualdad económica que impera en la isla bajo el gobierno cubano. Mientras la población enfrenta un colapso sistémico caracterizado por hiperinflación, desabastecimiento crónico de medicinas, apagones prolongados y un éxodo migratorio sin precedentes, un sector privilegiado con acceso a divisas o vinculado al poder mantiene su capacidad de consumo. La promoción de estos vehículos no solo ilustra la brecha social, sino que subraya la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar un nivel de vida digno para la mayoría.
La elección de Mompié como rostro de la campaña añade un elemento de tensión política. La cantante ha sido una figura recurrente en actos del oficialismo y ha expresado públicamente su apoyo a la cúpula gobernante, lo que le valió en 2019 ser declarada persona no grata en Miami. Su participación en la promoción de una marca de lujo extranjera es percibida por amplios sectores de la diáspora y la sociedad civil como una burla institucionalizada por parte de la dictadura cubana, que permite y fomenta el enriquecimiento de una élite mientras reprime y empobrece a la base social.
El episodio refleja cómo las políticas económicas del ejecutivo cubano han fragmentado a la sociedad en dos realidades paralelas: una de supervivencia y otra de privilegio. A futuro, este tipo de contradicciones públicas seguirán erosionando la ya mermada legitimidad social de las autoridades de la isla, alimentando el descontento popular y exacerbando las críticas tanto dentro como fuera del país. La incapacidad del Estado para ofrecer soluciones reales a la pobreza, combinada con la ostentación de un sector minoritario, augura un escenario de mayor tensión social en la isla.