Decenas de miembros de la masonería cubana forzaron este domingo el acceso al edificio de la Gran Logia de Cuba, en el cruce de Belascoaín y Carlos III en La Habana, en protesta contra el ex Gran Maestro Mayker Filema Duarte, quien mantiene el control de la institución con el respaldo del Ministerio de Justicia y la policía política. La jornada culminó con un plantón de más de siete horas, la suspensión de una reunión considerada espuria y la promesa de los agremiados de no abandonar la exigencia de democratización de la institución.
La tensión escaló cuando un grupo de masones intentó acceder al inmueble y fue recibido por un bloqueo físico orquestado por simpatizantes de Filema Duarte. Según testimonios y material audiovisual documentado, individuos identificados como Jesús Martínez Frómeta, Raúl Pérez Martín y Rolando Céspedes Mena obstaculizaron la puerta principal con actitud desafiante. Durante el forcejeo, se reportaron actos de hostigamiento directo, incluyendo el lanzamiento de alcohol contra varios manifestantes y agresiones físicas menores, aunque el colectivo masonero logró mantener la compostura para evitar un estallido de violencia mayor.
Al entonar las notas del Himno de Bayamo, obra del masón Perucho Figueredo, los agremiados lograron franquear la entrada y acceder al lobby del edificio. Sin embargo, el grupo leal al ex Gran Maestro se replegó hacia la escalera para impedir el paso a las plantas superiores. Ante esta situación, los masones opositores a la gestión de Filema decidieron bloquear el acceso inferior, argumentando que el inmueble pertenece a toda la hermandad y que la restricción de paso violaba la Constitución masónica. «Nosotros pudiéramos subir por la fuerza, pero no queremos violencia y estamos tratándolos como hermanos pese a que están violando la ley», se escuchó en los registros de la protesta.
Represión selectiva contra la dirigencia masonera
El conflicto institucional tiene su origen en la destitución de Mayker Filema Duarte el 25 de mayo pasado, tras la cual la institución eligió a Juan Alberto Kessel Linares y Víctor Bravo Cabañas como Gran Maestro y Gran Secretario por sustitución reglamentaria. Pese a su cese, Filema ha convocado reuniones espurias, como la sesión de Alta Cámara programada para este domingo, amparado en el respaldo del régimen de La Habana y la suspensión arbitraria de la mayoría de las logias y masones que se oponen a su mandato.

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La indignación de los masones se vio acentuada por la detención de Kessel Linares y Bravo Cabañas el día previo a la protesta. Ambos dirigentes fueron citados el 4 de julio por la Seguridad del Estado en la estación de Picota, en La Habana, donde permanecieron bajo arresto hasta la noche del 5 de julio. Al ser liberados, las autoridades de la isla les impusieron restricciones de movilidad, prohibiéndoles acercarse a la Gran Logia y limitando sus desplazamientos exclusivamente a sus centros de trabajo, una práctica habitual de la dictadura cubana para neutralizar a figuras incómodas mediante el hostigamiento judicial y policial.
Durante la jornada de protesta, el perímetro de la Gran Logia fue custodiado por agentes de la policía política vestidos de civil. Testigos presenciales reportaron que Filema Duarte se trasladó en varias ocasiones a la estación policial de Zanja, a pocas calles del lugar, para exigir la intervención de las fuerzas del orden contra sus propios hermanos masones. Asimismo, se denunciaron arrestos domiciliarios arbitrarios contra periodistas y activistas de derechos humanos en las inmediaciones, con el evidente objetivo de impedir la cobertura de los hechos y aislar la protesta del escrutinio público.
Pasadas las dos de la tarde, Filema Duarte intentó subir a las instalaciones, pero fue rechazado por más de un centenar de masones que le impidieron el paso a gritos. Tras un intento de imponerse mediante la confrontación verbal, el ex Gran Maestro se vio obligado a abandonar el lugar. Una hora más tarde, regresó para anunciar la suspensión de la reunión, aunque reiteró su negativa a renunciar al cargo, retirándose finalmente ante el repudio generalizado de los presentes.

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Contexto: Ingerencia estatal y crisis institucional en la isla
El asedio a la autonomía de la Gran Logia de Cuba no es un hecho aislado, sino que se enmarca en la política sistemática del gobierno cubano de coaptar y neutralizar cualquier espacio de sociabilidad civil que escape a su control directo. En medio de una crisis estructural sin precedentes, caracterizada por una inflación galopante, el colapso de los servicios básicos, apagones prolongados y un éxodo migratorio masivo, el ejecutivo cubano ha endurecido su postura contra organizaciones independientes, sindicatos, plataformas cívicas y entidades fraternales que reclaman sus derechos estatutarios.
La injerencia del Ministerio de Justicia y de los órganos de inteligencia en los asuntos internos de la masonería evidencia el temor del Estado a la concentración de ciudadanos con capacidad de convocatoria y pensamiento crítico. Históricamente, la masonería en Cuba ha sido un espacio de debate intelectual y resistencia cívica, lo que la convierte en un objetivo recurrente para la maquinaria represiva de la dictadura, que utiliza figuras como Filema Duarte como instrumentos de división y control institucional.
La represión contra la masonería es un reflejo del agotamiento del modelo autoritario, que no tolera ni siquiera la disidencia administrativa dentro de organizaciones centenarias. Mientras la ciudadanía enfrenta el desabastecimiento crónico y la falta de oportunidades, el aparato estatal destina recursos y agentes para vigilar, citar y amenazar a los líderes de una hermandad que exige el cumplimiento de sus propias reglas democráticas.
Antecedentes del conflicto masónico
La pugna interna de la masonería cubana se ha profundizado en los últimos años, paralela al deterioro de las condiciones de vida en el país. La destitución de Filema en mayo pasado fue el resultado de meses de fricción por su gestión y su presunta cercanía a los dictámenes del poder estatal. La convocatoria a una Alta Cámara con una representación mínima, tras la suspensión de decenas de logias opositoras, fue percibida como una maniobra para legitimar una dirección impuesta, violando los principios fraternales que rigen a la institución.
Es imprescindible recordar que la masonería ha jugado un papel fundamental en la historia de Cuba, con próceres como Carlos Manuel de Céspedes y Perucho Figueredo entre sus filas. La institución ha sobrevivido a distintos periodos políticos, manteniendo, con altibajos, su estructura organizativa. Sin embargo, la actual crisis refleja un nivel de injerencia sin precedentes, donde la policía política determina quién puede ejercer el liderazgo dentro de la hermandad, utilizando amenazas y detenciones para inclinar la balanza hacia facciones más complacientes con el poder.
Implicaciones y resistencia futura
Aunque este domingo los masones lograron frustrar la reunión de Filema Duarte y mantener el control simbólico del lobby del edificio, la batalla por la democratización de la Gran Logia está lejos de concluir. La institución permanece secuestrada institucionalmente por un líder destituido que cuenta con el aparato coercitivo del Estado para sostenerse en el poder. Ante esta realidad, los masones han convocado a una presencia permanente frente al inmueble, con la consigna «Libertad para la Gran Logia de Cuba», asumiendo el riesgo de persecución, detención y criminalización.
«Vamos a recuperar nuestra institución, que es más que un edificio. Los masones hemos dicho Basta», aseguró uno de los participantes al finalizar la protesta, reflejando un ánimo de resistencia que trasciende el ámbito puramente administrativo. La determinación de la masonería cubana de enfrentar la injerencia estatal y recuperar sus normas estatutarias representa un capítulo más de la resistencia civil en la isla.
La respuesta de la comunidad internacional y de las organizaciones de derechos humanos será crucial para monitorear la represión selectiva contra la dirigencia masónica. El desenlace de este conflicto no solo definirá el futuro de una de las instituciones más antiguas de la sociedad civil cubana, sino que también pondrá a prueba la capacidad de articulación de la sociedad frente a los mecanismos de control y fractura social impulsados desde el poder.


