La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, evitó este martes ratificar o desmentir la posible suspensión de los envíos de petróleo a Cuba, en medio de informaciones sobre la cancelación de un embarque programado para este mes y de una creciente presión de Estados Unidos contra la cooperación energética con la isla. La mandataria se limitó a calificar las decisiones de Pemex como \»soberanas\», en una postura que refleja cautela ante el endurecimiento de Washington.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum fue consultada directamente sobre la continuidad de la venta y exportación de crudo a Cuba. Sin confirmar ni desmentir un posible freno, optó por subrayar el carácter autónomo de esas determinaciones. \»Es una decisión soberana y Pemex toma sus decisiones. La decisión de México de vender o dar por razones humanitarias a Cuba petróleo tiene que ver con una decisión soberana que ha venido desde hace muchos años, no es reciente\», afirmó la mandataria, quien insistió en que los tiempos, volúmenes y condiciones de los envíos dependen de lo que determine la petrolera estatal o el propio ejecutivo mexicano en función de contratos vigentes o consideraciones humanitarias.
Las declaraciones se producen tras el reporte de la agencia Bloomberg sobre la eliminación de un cargamento de crudo de la programación de Pemex. El embarque, previsto para mediados de enero y que sería transportado por el buque Swift Galaxy, fue retirado del itinerario sin que la petrolera ni la Secretaría de Energía ofrecieran explicaciones oficiales. El silencio institucional alrededor de esta cancelación alimenta la incertidumbre sobre el futuro de los suministros energéticos que el gobierno cubano recibe desde México, país que desde 2023 se ha consolidado como el principal proveedor de crudo de la isla tras la caída de los envíos venezolanos.
Presión de Washington y crisis energética en la isla
El posible ajuste en los envíos coincide con un escenario internacional más tenso para el régimen de La Habana. En diciembre, el endurecimiento del bloqueo estadounidense a petroleros procedentes de Venezuela interrumpió los suministros venezolanos a Cuba, dejando a México como principal sostén energético. Solo en el último año, los despachos mexicanos rondaron los 20.000 barriles diarios, un flujo que ha resultado vital para un país sumido en apagones prolongados, escasez crónica de combustible y una profunda crisis económica que ha provocado el mayor éxodo migratorio de su historia.
Paralelamente, el tono de Washington hacia La Habana se ha endurecido de forma notable. El presidente estadounidense, Donald Trump, reiteró recientemente su rechazo a cualquier forma de asistencia energética al régimen de La Habana con un mensaje tajante en redes sociales: \»No habrá más petróleo ni dinero para Cuba. ¡Cero!\». Aunque a mediados de enero Sheinbaum había señalado que los envíos se mantendrían por tratarse de contratos a largo plazo y de ayuda internacional, fuentes gubernamentales consultadas por Reuters indicaron que la política se encuentra bajo revisión interna dentro del ejecutivo mexicano.
La respuesta elusiva de este martes deja en evidencia una posición cautelosa del gobierno mexicano, que apela a la soberanía como argumento central pero evita pronunciarse de forma concluyente. Para la ciudadanía cubana, que sufre a diario las consecuencias del colapso del sistema eléctrico nacional y la incapacidad del gobierno cubano para garantizar el suministro básico de combustible, la incertidumbre sobre el flujo petrolero mexicano se traduce en una amenaza adicional. Si los envíos se suspenden definitivamente, la dictadura cubana enfrentaría un escenario energético aún más crítico, con potenciales cortes de electricidad más prolongados y un agravamiento de la ya precaria situación económica, mientras el poder en La Habana continúa sin ofrecer soluciones estructurales a una crisis que es, en gran medida, consecuencia de décadas de mala gestión, centralización económica y ausencia de libertades.