La empresa canadiense Sherritt International Corporation anunció la reducción y próxima paralización de su planta de procesamiento en Moa, Holguín, debido a la aguda escasez de combustible que atraviesa la isla. La medida evidencia el profundo impacto de la crisis energética nacional en la inversión extranjera y la producción industrial, sumiendo en la incertidumbre a uno de los principales renglones exportables del país.
El régimen de La Habana notificó a la compañía que las entregas de combustible previstas no se cumplirán y que se desconoce el calendario para reanudarlas, según detalló la empresa en un comunicado. Sherritt aprovechará la pausa, prevista para la próxima semana, para realizar un mantenimiento planificado, mientras evalúa opciones de financiamiento temporal para preservar su liquidez. Por ahora, la refinería de la empresa en Alberta, Canadá, continúa operando con inventarios disponibles hasta mediados de abril, y su negocio energético en la isla, Energas S.A., no ha sufrido impactos inmediatos.
Impacto de la crisis energética sistémica
La interrupción de las operaciones de Sherritt es un síntoma más del colapso estructural que enfrenta el país. La caída de los envíos de crudo desde Venezuela, tras el cambio político en Caracas, y la suspensión de los suministros de México —derivada de las presiones arancelarias impuestas por Estados Unidos— han dejado a la isla sin sus principales aliados energéticos. Las autoridades de la isla han demostrado una vez más su incapacidad para diversificar y garantizar la estabilidad de las industrias estratégicas, arrastrando a sus socios comerciales a la paralización operativa.
Ante la desesperación, el gobierno cubano ha tenido que flexibilizar su monopolio estatal permitiendo que empresas privadas importen diésel mediante isotanques a través del puerto del Mariel. Esta medida improvisada busca paliar una emergencia que amenaza con desencadenar una crisis humanitaria. Mientras tanto, Estados Unidos evalúa enviar pequeñas cantidades de gas y diésel para infraestructura básica, aunque la comunidad internacional observa cómo la Casa Blanca utiliza la asfixia energética para presionar a la dictadura cubana a negociar cambios políticos sustantivos.
La paralización de Sherritt en Moa no solo compromete la producción de níquel y cobalto, sino que augura un deterioro mayor en una economía nacional ya devastada por la inflación y el éxodo migratorio. Frente a la intransigencia de la dictadura, que se niega a modificar su sistema de partido único pese a la evidente crisis, la ciudadanía continuará siendo la principal víctima del desabastecimiento y la falta de perspectivas de desarrollo.