Las aerolíneas canadienses WestJet y Air Transat se sumaron a Air Canada y anunciaron la suspensión temporal de sus operaciones hacia Cuba, incapaces de garantizar el repostaje de sus aeronaves en la isla. La decisión, que obliga a las compañías a enviar aviones vacíos para repatriar a sus clientes, es un duro golpe para el sector turístico y refleja la profundidad de la crisis energética que atraviesa el país bajo la gestión del gobierno cubano.
La medida responde a la advertencia emitida por las autoridades de la isla, que confirmaron la imposibilidad de suministrar combustible de aviación en nueve aeropuertos internacionales, incluido el principal terminal de La Habana, durante al menos un mes. Ante esta eventualidad, WestJet, la segunda mayor aerolínea de Canadá, optó por reducir sus operaciones y anunció el envío de aeronaves vacías para evacuar a los turistas varados, asegurando que llevarán el combustible suficiente para regresar sin depender de la infraestructura local. Por su parte, Air Transat suspendió todos sus vuelos hacia el destino caribeño hasta el 30 de abril, citando la incertidumbre generada por la falta de garantías logísticas en los aeropuertos cubanos.
Impacto en el turismo y crisis estructural
El cese de estas operaciones comerciales representa un varapalo para la industria turística, uno de los pocos sectores que aún reporta ingresos para el régimen de La Habana. La crisis no solo afecta a las aerolíneas, sino que ha llevado al propio Gobierno de Canadá a actualizar su alerta de viaje, recomendando a sus ciudadanos \»extremar la precaución\» ante el deterioro continuo en el acceso a electricidad, combustible, alimentos y medicinas en territorio cubano. La incapacidad del ejecutivo cubano para mantener abastecidos sus aeropuertos internacionales evidencia la magnitud del colapso estructural que sufre la nación.
El desabastecimiento de combustible de aviación es una extensión directa de la severa crisis energética que mantiene en vilo a la población. La falta de divisas y la ineficiencia en la gestión estatal han provocado apagones prolongados y escasez generalizada, afectando incluso las zonas destinadas al turismo internacional, pilar histórico de la economía centralizada. A este escenario interno se suma la presión internacional, materializada en la reciente orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que establece un proceso para imponer aranceles a los países que suministren petróleo a la isla, agravando aún más las dificultades para asegurar el abastecimiento energético.
La suspensión de los vuelos canadienses augura un panorama sombrío para la economía cubana en los próximos meses. El aislamiento comercial y la pérdida de confianza por parte de operadores turísticos internacionales limitarán aún más el flujo de ingresos necesarios para la importación de bienes básicos. Mientras la dictadura cubana prioriza el control político sobre la implementación de soluciones estructurales, la ciudadanía continúa soportando las consecuencias de un modelo en bancarrota, con un sector productivo paralizado y un futuro marcado por el empobrecimiento acelerado y el éxodo migratorio.