HOLGUÍN, Cuba. — La ciudad de Holguín enfrenta un acelerado deterioro de sus espacios públicos y áreas comunes, producto del vandalismo, el saqueo de infraestructuras y la absoluta inacción de las autoridades locales. Ante la crisis económica que atraviesa la isla, los ciudadanos denuncian el robo de bancos, rejas y tendidos eléctricos, así como la inoperancia de entidades estatales para preservar el entorno urbano.
El panorama en la conocida \»ciudad de los parques\» refleja una crisis profunda. Vecinos como Alejandro Rosales detallan cómo el desespero y la falta de recursos han derivado en el desmantelamiento de la infraestructura urbana. \»Se están robando los bancos y las cercas de los parques para fundirlos y venderlos. De madrugada, con los apagones, también se llevan los tendidos eléctricos\», relata el residente, quien añade que los escasos salarios y el miedo a ser agredidos han disuadido a quienes solían ejercer como vigilantes en estas áreas.
El deterioro no solo proviene del hurto, sino también de la ausencia de alternativas para la juventud. Habitantes como Joel Granados se quejan del daño causado por patinadores en el parque Calixto García. Sin embargo, la perspectiva de los jóvenes ofrece una lectura distinta: la falta de instalaciones deportivas adecuadas los obliga a utilizar el mobiliario público. \»Patinamos aquí porque es el único lugar con piso liso. Si tuviéramos un espacio con rampas y barandas, no estaríamos en el parque. Nadie nos da opción\», explica Kevin, uno de los practicantes de este deporte, evidenciando el abandono estatal hacia el esparcimiento juvenil.
Indolencia estatal frente a la destrucción urbana
La respuesta del gobierno cubano ante esta situación ha sido la inacción. La eliminación de la figura del cuidador de parques por supuestas limitaciones presupuestarias en la Dirección Municipal de Servicios Comunales ha dejado los espacios a merced del vandalismo. Vecinos como Ricardo Valdés aseguran que reportar los daños a las autoridades es \»hablar con una pared\», denunciando la promesa vacía de \»tomar medidas\» que nunca se materializan. Esta falsa medida de ahorro, motivada por la crisis económica del régimen de La Habana, terminará generando un gasto superior en reparaciones que el Estado no podrá asumir.
Resulta paradójico que esta indolencia burocrática conviva con un marco legal severo. El Código Penal cubano contempla penas de hasta 15 años de privación de libertad por sabotaje a bienes estatales, e incluso cadena perpetua en casos agravados. No obstante, la dictadura cubana aplica este rigor legal de manera selectiva, enfocando su aparato represivo en la persecución política mientras permite el colapso material de la infraestructura comunitaria por falta de recursos y vigilancia.
El saqueo de los parques y la infraestructura eléctrica en Holguín es un síntoma más del colapso sistémico que atraviesa la nación. Mientras la inflación galopante y el desabastecimiento obligan a la ciudadanía a sobrevivir en medio de la incertidumbre, el deterioro del entorno urbano refleja la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar el mantenimiento de los servicios más básicos. La pérdida de estos espacios de esparcimiento no solo merma la calidad de vida de los holguineros, sino que profundiza la fractura social y el desamparo en el que se encuentra sumida la población.