La Gran Logia de Cuba (GLC) eligió a José Manuel Valdés Menéndez-Cuesta como su nuevo Gran Maestro, poniendo fin a meses de crisis institucional y a la intentona de perpetuación en el poder de Mayker Filema, quien contaba con el respaldo del Ministerio de Justicia. La elección, celebrada en el Edificio Nacional Masónico de La Habana, marca un punto de inflexión para la organización tras una prolongada disputa interna marcada por la injerencia gubernamental y la represión.
Valdés Menéndez-Cuesta, miembro de la logia Federico Valdés del municipio Cotorro y con más de dos décadas de trayectoria en la orden, asumió el cargo tras una sesión electoral convulsa. Aunque Filema había sido destituido previamente por la Alta Cámara Masónica por violar la legislación de la institución, se presentó en la sede intentando condicionar la asamblea. Ante la negativa de los representantes de unas 130 logias de acatar sus exigencias de excluir a los grupos suspendidos de forma irregular, Filema anunció su retirada con el evidente objetivo de frustrar las votaciones.
Sin embargo, la estrategia para paralizar el proceso fracasó cuando el Diputado Gran Maestro, Juan Alberto Kessel, invocó las normativas de la orden para asumir la dirección de la asamblea ante la incapacidad manifiesta del Gran Maestro saliente. Con la continuidad de la sesión asegurada y el respaldo de la Alta Cámara, así como de figuras clave como el Gran Tesorero y el Gran Secretario, los masones lograron efectuar las elecciones que devolvieron la legalidad a la institución.
Injerencia estatal y hostigamiento contra la sociedad civil
El conflicto interno de la masonería cubana no puede desvincularse del accionar del régimen de La Habana. Tras la destitución de Filema, el Ministerio de Justicia (MINJUS) se negó a reconocer la decisión soberana de la Alta Cámara, amparándose en la Ley de Asociaciones para ejercer control tutelar sobre los acuerdos de la sociedad civil. Esta injerencia institucional se vio acompañada por el accionar habitual de la dictadura cubana: la Seguridad del Estado citó y amenazó a los líderes de la disidencia masónica, llegando a imponer una medida cautelar de reclusión domiciliaria a Kessel en al menos dos ocasiones.
La elección de José Manuel Valdés representa un esfuerzo significativo de la masonería por recuperar su autonomía frente a un Estado que históricamente ha cooptado o reprimido a las organizaciones independientes. No obstante, el panorama sigue siendo complejo. El nuevo Gran Maestro deberá enfrentar no solo la reconstrucción de la cohesión interna de la Gran Logia, sino también la constante presión de las autoridades de la isla, que en medio de la profunda crisis estructural que atraviesa el país, continúan endureciendo su control sobre cualquier espacio de sociabilidad que escape a la órbita del poder.