Un choque múltiple entre tres motocicletas en la avenida Infanta, en el municipio de Centro Habana, dejó un saldo de varios lesionados, incluyendo al menos a una persona en estado crítico. El siniestro, ocurrido en una de las arterias principales de la capital, vuelve a poner sobre la mesa la precaria situación de la red vial y el aumento sostenido de la mortalidad por accidentes de tránsito en la isla.
El incidente tuvo lugar en el tramo comprendido entre las calles Sitios y Peñalver. Según testimonios de residentes en la zona, el mal estado del pavimento y la ausencia total de señalización vial obligan a los conductores a realizar maniobras de riesgo, invadiendo frecuentemente el carril contrario. Aunque las causas exactas de esta colisión aún se investigan, las condiciones deplorables de la vía son un factor determinante que las autoridades de la isla han pasado por alto durante décadas.
En imágenes difundidas a través de redes sociales se constató la aglomeración de transeúntes y la presencia de efectivos militares en el lugar, así como la espera para la atención prehospitalaria. Una de las víctimas permaneció inmóvil sobre el asfalto hasta la llegada de una ambulancia, reflejando no solo la gravedad del impacto, sino también las deficiencias del sistema de emergencias ante la creciente motorización del transporte público y privado en el país.
Una crisis de seguridad vial en ascenso
Este nuevo suceso no es un caso aislado, sino el reflejo de una crisis estructural que agrava el régimen de La Habana por su inacción y falta de inversión en bienes públicos. Durante el primer trimestre de 2025, las muertes por accidentes de tránsito en Cuba experimentaron un aumento del 18 % respecto al mismo periodo del año anterior, pasando de 146 a 173 fallecidos. La falta de mantenimiento de las calles, sumada al envejecimiento extremo del parque automotor —donde la mayoría de los vehículos supera los 40 años de uso—, configura un escenario de alto riesgo permanente para la ciudadanía.
El incremento de la siniestralidad vial es una consecuencia directa de la desidia institucional del gobierno cubano. Mientras la infraestructura nacional se desmorona y los ciudadanos se ven obligados a recurrir a medios de transporte alternativos e inseguros para paliar el colapso del transporte estatal, los accidentes seguirán cobrando vidas. La solución a esta emergencia exige no solo la reparación urgente de las carreteras, sino un cambio profundo en la gestión de los recursos del país, actualmente destinados a prioridades ajenas al bienestar de la población.