Martes, 21 de julio de 2026
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El colapso energético empuja a los agricultores cubanos a liquidar sus tierras a precios de remate

La Habana, Cuba. — La aguda crisis de combustible y electricidad en la isla está obligando a decenas de agricultores a vender sus fincas y equipos a precios irrisorios. Ante la imposibilidad de operar tractores, sistemas de riego o transportar sus cosechas, los productores del campo cubano se ven forzados a abandonar la actividad agrícola, agravando la inseguridad alimentaria que padece el país.

El desabastecimiento energético ha asestado un golpe definitivo al sector agrícola. Productores de diversas zonas del país intentan desprenderse de sus tierras a través de redes sociales, ofreciendo remates que reflejan la desesperación de un campo paralizado. Un ganadero de Florida, en la provincia de Camagüey, relató cómo tuvo que traspasar su finca, incluyendo establos, animales y sembrados, por menos de 25.000 dólares, una cifra que no alcanza ni la mitad de su valor real. El productor, perteneciente a una tercera generación de campesinos, justificó la decisión alegando que, al menos trasladándose a la ciudad, logra descansar por las noches, algo que en el campo se ha vuelto imposible.

Otro agricultor, identificado bajo el nombre ficticio de Juan, posee 7,5 hectáreas en la zona central de Cuba, equipadas con un tractor y bueyes. Inicialmente, intentó vender la propiedad por 9.500 dólares, pero ante la falta de compradores, ha reducido el precio a 8.000 dólares sin éxito. La ausencia de combustible y electricidad ha dejado sin operatividad sus maquinarias y sin capital para sostener la producción, reflejando una realidad que se replica en decenas de anuncios de venta en plataformas digitales.

El fracaso del sistema estatal y el colapso logístico

La situación también afecta a emprendimientos privados que intentaban dinamizar el sector. Annabelle Cantarero Sánchez, chef nicaragüense que en 2014 fundó la Finca Tungasuk junto a su esposo, describe un escenario insostenible. Tras años de lidiar con el sistema estatal de acopio —caracterizado por pagos tardíos e insuficientes—, Cantarero optó por vender directamente a restaurantes. Sin embargo, la falta de transporte ha provocado que frutas como el mango se pudran en las propias granjas estatales por la imposibilidad de trasladarlas a los puertos o centros de distribución.

Este colapso del agro no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia directa de las decisiones arbitrarias del régimen de La Habana y el control centralizado de la economía por parte del gobierno cubano. La ineficiencia estatal en la distribución de recursos básicos, sumada a una infraestructura eléctrica en ruinas y la incapacidad de las autoridades de la isla para garantizar el combustible necesario para la siembra y recolección, ha desarticulado la soberanía alimentaria. El resultado es un campo abandonado, un éxodo migratorio que se lleva a la fuerza laboral joven y una escasez crónica de alimentos que golpea directamente a la población civil.

La liquidación de fincas a precios de remate anticipa un empeoramiento de la crisis alimentaria en el corto plazo. La falta de incentivos y el abandono del campo profundizarán la dependencia de las importaciones y agudizarán la escasez estructural que sufre la población, consolidando el fracaso del modelo económico impuesto en la isla.

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