Viernes, 28 de agosto de 2026
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De las mipymes a la calle: la cadena de intermediación que encarece la gasolina en Holguín

De las mipymes a la calle: la cadena de intermediación que encarece la gasolina en Holguín

El combustible importado desde Estados Unidos por empresas privadas cubanas termina en manos de revendedores informales en la provincia de Holguín, donde el litro de gasolina alcanza precios de hasta cinco dólares. La ineficiencia estatal, la escasez crónica en gasolineras oficiales y la proliferación de intermediarios han convertido el acceso al combustible en un lujo inalvidable para miles de cubanos que dependen del transporte para sobrevivir.

\»La gasolina que venden las mipymes se gasta demasiado rápido; es tan clara que no rinde nada. El motor funciona ligero, pero el tanque se vacía rápido\», relata Ernesto Padrón, un residente de Holguín que refleja el descontento generalizado de los consumidores frente a un producto que, aunque accesible, llega en condiciones cuestionables. La queja no es aislada: decenas de holguineros coinciden en que el combustible disponible en el mercado privado presenta irregularidades en su calidad, lo que genera un círculo vicioso de gasto y reparación mecánica constante.

Parte de la gasolina que circula actualmente en la provincia oriental es importada desde Estados Unidos por micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), una dinámica autorizada por el régimen de La Habana como parte de los ajustes a su política económica. Sin embargo, el combustible rara vez llega directamente al consumidor final. En la mayoría de los casos, pasa a manos de intermediarios que lo revenden en el mercado informal con márgenes que duplican o triplican el precio original de importación.

Carlos, un holguinero que trabaja como chofer de mototaxi y prefirió identificarse solo por su nombre de pila, describe el problema con crudeza: \»Los revendedores están mezclando la gasolina que compran en las mipymes para tener más ganancia. Eso acaba con el motor. El dinero que ganas en el negocio después lo gastas reparando la mecánica por la gasolina mala\». Su testimonio evidencia cómo la cadena de intermediación no solo encarece el producto, sino que degrada su calidad, afectando directamente el medio de vida de quienes dependen del transporte para generar ingresos.

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Venta de gasolina especial en Holguín (Foto: CubaNet)

La lógica del mercado informal

La reventa, lejos de ser una anomalía marginal, responde a una lógica estructural que el propio sistema ha favorecido. Alejandro Ruiz, otro holguinero afectado por la situación, explica que los consumidores acuden a los revendedores por una razón sencilla: \»Compramos la gasolina a los revendedores porque en las mipymes casi nunca hay\». Según detalla, a las empresas privadas les resulta más rentable vender en grandes volúmenes a intermediarios, despachando el combustible con mayor rapidez y evitando las complicaciones operativas de la venta al detalle.

Este fenómeno trasciende el municipio cabecera de Holguín. Ruiz señala que personas provenientes de otros municipios viajan hasta la capital provincial para adquirir combustible que posteriormente revenden en sus localidades de origen, donde la oferta es prácticamente nula. \»Allá la revenden muchísimo más cara\», advierte, poniendo de manifiesto cómo la escasez geográfica amplifica los márgenes de ganancia en cada eslabón de la cadena de distribución informal.

Un factor determinante en el desvío del consumo hacia el mercado informal es la restricción monetaria impuesta por el gobierno cubano en las gasolineras estatales. Manuel, un taxista particular, detalla el obstáculo: \»En las gasolineras del Gobierno es muy complicado comprar; casi nunca hay y cuando venden solo puedes pagar con tarjeta magnética. Para ponerle dólares a esa tarjeta es un problema porque hay que hacer colas larguísimas, pero antes hay que comprar los dólares en la calle y te pueden estafar o dar billetes falsos\». El mercado informal, en cambio, admite el pago en efectivo con pesos cubanos, una facilidad que el Estado no ofrece y que empuja a la ciudadanía hacia la economía sumergida.

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Venta de gasolina en Holguín (Foto: CubaNet)

Los eslabones de un negocio millonario

La diferencia entre el costo de importación y el precio final que paga el consumidor revela la magnitud del negocio. Según datos recopilados, el litro de gasolina se importa a un costo de entre 1,90 y 2,10 dólares. Las mipymes lo venden al por mayor a un precio de entre 2,60 y 2,80 dólares, dependiendo de si el pago se realiza desde Cuba o desde el exterior. Los intermediarios, finalmente, lo revenden en la calle por entre tres y cuatro dólares el litro, equivalentes a entre 1.995 y 2.660 pesos cubanos según la tasa del mercado informal, que se sitúa en 665 pesos por dólar.

Luis Acuña, quien hace cola frente a una vivienda donde se revende combustible, ofrece una cifra aún más alarmante: dependiendo del lugar, el litro cuesta desde 2.900 hasta más de 3.000 pesos cubanos, casi cinco dólares al cambio actual. Cada eslabón de la cadena añade su margen de ganancia, y el costo acumulado recae íntegramente sobre el comprador final, que no tiene otra opción que asumirlo o prescindir del transporte.

El marco político de las importaciones

Detrás de este flujo comercial existe una decisión política de alcance internacional. El 29 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó la Orden Ejecutiva 14380, que declaró una emergencia nacional respecto a Cuba y estableció un mecanismo para imponer aranceles adicionales a las importaciones procedentes de países que vendieran o suministraran petróleo a la Isla. El 20 de febrero, la Casa Blanca dejó sin efecto las medidas arancelarias adoptadas bajo esa orden, aunque mantuvo vigente la emergencia nacional y las acciones no arancelarias.

A finales de febrero, la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) del Departamento de Comercio de Estados Unidos publicó una guía que aclaró que determinadas exportaciones y reexportaciones de gas y productos petrolíferos de origen estadounidense a entidades privadas cubanas y a particulares podían acogerse a la excepción de licencia \»Support for the Cuban People\» (SCP), siempre que cumplieran sus condiciones. La OFAC precisó por separado que las operaciones amparadas por esa excepción no requerían una autorización adicional de esa oficina. El secretario de Estado, Marco Rubio, subrayó que la estrategia estaba \»diseñada íntegramente para situar al sector privado y a los cubanos particulares —no vinculados al Gobierno ni al Ejército— en una posición privilegiada\».

Las cifras confirman la magnitud de estas exportaciones: entre enero y junio, Estados Unidos exportó a Cuba combustibles y aceites por valor de 95.744.767 dólares, según datos del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, Inc. En mayo, la cifra fue de 24 millones de dólares y en junio subió hasta cerca de 48 millones, casi el doble en un solo mes. En La Habana, el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Óscar Pérez-Oliva Fraga, anunció que se autorizaría a las mipymes con capacidad financiera a comprar combustibles en el exterior. \»Estamos facilitando y autorizando que cualquier empresa que tenga posibilidad de adquirir combustible lo compre\», declaró el funcionario en el programa oficialista Mesa Redonda.

Contexto: la crisis energética como síntoma del colapso sistémico

La situación de la gasolina en Holguín no es un fenómeno aislado, sino la manifestación local de una crisis energética nacional que se ha profundizado de manera acelerada en los últimos años. El régimen de La Habana ha perdido capacidad para garantizar el suministro básico de combustible, en parte por la caída de los envíos de petróleo desde Venezuela —histórico aliado de la dictadura cubana— y en parte por la incapacidad estructural del modelo estatal para gestionar eficientemente los recursos disponibles. Las frecuentes apagones, la parálisis del transporte público y la escasez de combustible en gasolineras estatales son síntomas de un sistema que ha colapsado bajo el peso de su propia ineficiencia.

En este contexto, la autorización a las mipymes para importar combustible funciona como una válvula de escape que el ejecutivo cubano ha abierto de manera forzada, no como parte de una reforma estructural genuina, sino como medida de emergencia ante la imposibilidad de abastecer al país por las vías tradicionales. Sin embargo, la ausencia de regulaciones efectivas sobre la distribución y comercialización del combustible importado ha permitido la proliferación de intermediarios que capturan la diferencia de precios, mientras la ciudadanía asume el costo final. Esta dinámica reproduce, en el sector energético, el mismo patrón de informalización y precariedad que ya domina la economía cubana en su conjunto.

La inflación galopante, con un dólar que se cotiza en 665 pesos en el mercado informal, agrava el escenario. Para un trabajador estatal con un salario promedio que no supera los 4.000 pesos mensuales, comprar un litro de gasolina a 3.000 pesos equivale a destinar casi todo su ingreso a una sola transacción. La desconexión entre los salarios oficiales y los precios reales del mercado es uno de los indicadores más elocuentes del fracaso del modelo económico impuesto por la dictadura cubana durante más de seis décadas.

Antecedentes y proyección

La crisis del combustible en Cuba no es nueva, pero ha alcanzado niveles inéditos en los últimos años. Desde 2022, el gobierno cubano ha implementado ajustes en el sector energético que han incluido incrementos tarifarios, restricciones de venta y la obligación de pagar con tarjetas magnéticas en moneda extranjera, medidas que han excluido a amplios sectores de la población del acceso formal al combustible. La incorporación de las mipymes como importadores representa un giro en la estrategia, pero la falta de mecanismos de control sobre la cadena de distribución ha derivado en un mercado paralelo que opera al margen de cualquier regulación.

El futuro inmediato no parece alentador. Mientras las autoridades de la isla mantengan una política de liberalización selectiva sin acompañarla de marcos regulatorios que protejan al consumidor, la cadena de intermediación seguirá operando con impunidad. La comunidad internacional, por su parte, observa con atención el flujo comercial entre Estados Unidos y el sector privado cubano, en un escenario donde las medidas de presión coexisten con excepciones que buscan empoderar a los actores no estatales. Para la ciudadanía, sin embargo, la gasolina seguirá siendo un bien escaso, caro y de calidad dudosa, uno más entre los múltiples frentes de una crisis que no da señales de ceder.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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