El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) rechazó la decisión de República Dominicana de ordenar la salida de varios de sus diplomáticos, acusando al gobierno de Luis Abinader de someterse a presiones de Estados Unidos. La medida, que afecta a una decena de funcionarios y sus familias, profundiza el aislamiento diplomático del régimen de La Habana en la región latinoamericana y evidencia el desgaste de su política exterior.
La Cancillería dominicana comunicó oficialmente el retiro de nueve miembros de la misión diplomática cubana y sus familiares, otorgándoles un plazo de siete días para abandonar el territorio. Sin embargo, el MINREX cubano aseguró en su comunicado que son diez los funcionarios afectados, sin que ninguna de las partes haya aclarado la discrepancia. El gobierno caribeño se amparó en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas para justificar la expulsión, evitando ofrecer detalles públicos sobre las causas concretas que motivaron la decisión, la cual será manejada exclusivamente por canales diplomáticos.
Horas después del anuncio, las autoridades de la isla reaccionaron con un comunicado en el que rechazaron \»en los términos más enérgicos\» la medida, asegurando que sus funcionarios han actuado en estricto cumplimiento de las leyes dominicanas y las normativas internacionales. La Habana atribuyó directamente la expulsión a Washington, señalando que \»no hay otra explicación\» que el sometimiento de Santo Domingo a las presiones del gobierno estadounidense. No obstante, el texto emitido por el Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano (MIREX) no hace mención alguna a Estados Unidos, dejando en evidencia la retórica victimista que suele emplear el régimen para justificar sus desencuentros internacionales.
Antecedentes de un distanciamiento inevitable
El ejecutivo cubano vinculó esta acción con un supuesto giro en la política exterior de República Dominicana. Entre los antecedentes citados, el MINREX mencionó la exclusión de Cuba de la X Cumbre de las Américas. En septiembre de 2025, el MIREX anunció que el evento, previsto inicialmente en Punta Cana, no incluiría a Cuba, Nicaragua y Venezuela, argumentando que la decisión facilitaría \»la mayor convocatoria\» del foro. Paradójicamente, en ese mismo comunicado, Santo Domingo describía las relaciones con La Habana como \»históricas, sólidas y excelentes\».
La X Cumbre finalmente no se celebró en la fecha prevista. El 3 de noviembre de 2025, República Dominicana anunció su aplazamiento hasta 2026 alegando, entre otros factores, las \»profundas divergencias\» regionales que dificultaban un diálogo productivo. La Cancillería dominicana informó entonces que la decisión había sido consultada con Estados Unidos y otros socios involucrados en la organización del encuentro. A esto se suma que, en julio de 2026, República Dominicana se abstuvo en una votación en Naciones Unidas sobre una propuesta cubana para celebrar un debate adicional sobre el embargo estadounidense.
El deterioro de las relaciones bilaterales se había evidenciado meses atrás con declaraciones directas desde la presidencia dominicana. En una entrevista difundida en mayo, Luis Abinader calificó la alianza de su país con Estados Unidos como \»total\» y fue tajante al afirmar que Cuba \»no es un Estado democrático\». Esta postura marca un contraste radical con la narrativa oficial de La Habana, que tradicionalmente ha intentado proyectar una imagen de respaldo unánime en la región, a pesar de su creciente incapacidad para sostener sus alianzas geopolíticas.
Las relaciones diplomáticas entre ambos países habían sido restablecidas el 16 de abril de 1998, tras casi cuatro décadas de ruptura. En su protesta reciente, el régimen de La Habana reconoció que la retirada del personal diplomático \»lesiona sensiblemente\» los vínculos bilaterales, aunque intentó separar la relación gubernamental de la popular, afirmando que mantendrá los lazos con el pueblo dominicano. Esta estrategia discursiva es recurrente en la diplomacia cubana cuando enfrenta el rechazo de gobiernos extranjeros, intentando desviar la atención de la responsabilidad oficial en el fracaso de sus relaciones.
Creciente aislamiento regional
La expulsión de los diplomáticos no es un hecho aislado, sino que se suma a una serie de fricciones diplomáticas recientes que evidencian el creciente aislamiento de la dictadura cubana en América Latina durante 2026. El 4 de marzo, Ecuador comunicó mediante nota verbal la declaración de persona non grata del embajador cubano en ese país. Días después, Costa Rica decidió cerrar su embajada en La Habana, limitando las relaciones al ámbito consular, y solicitó al gobierno de la isla el retiro del personal diplomático de su legación en San José. Aunque no existe información oficial que vincule todas estas decisiones, el patrón de rechazo es innegable.
Contexto de crisis sistémica y represión interna
Este enfriamiento diplomático ocurre en un contexto de profunda crisis estructural en la isla. La dictadura cubana atraviesa una severa emergencia económica caracterizada por una inflación galopante, un desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y el colapso total del sistema eléctrico nacional. La incapacidad del régimen para garantizar las necesidades básicas de la población ha generado un descontento social sin precedentes, que es respondido con la represión sistemática, la censura y el encarcelamiento de opositores políticos y periodistas independientes.
La política exterior de La Habana se ve cada vez más limitada por su crisis interna. La falta de recursos para sostener misiones diplomáticas y el descrédito internacional de su modelo autoritario han reducido su capacidad de influencia. Mientras el régimen invierte esfuerzos en culpar a Washington por sus desventuras diplomáticas, los gobiernos de la región parecen perder la paciencia ante la falta de transparencia y las posibles actividades ilícitas atribuidas a algunos funcionarios cubanos en el extranjero, lo que pone en duda el respeto a la Convención de Viena que tanto defienden.
El éxodo migratorio masivo, otra de las consecuencias del fracaso del modelo, también presiona las relaciones bilaterales. La inestabilidad generada por la salida de cientos de miles de cubanos ha impactado a países vecinos, que ven con preocupación la incapacidad de las autoridades de la isla para gestionar la crisis. La expulsión de diplomáticos en República Dominicana, Ecuador y Costa Rica refleja un cambio de paradigma en la región, donde la tolerancia hacia la falta de libertades y el intervencionismo del régimen ha disminuido significativamente.
Implicaciones futuras
La respuesta del régimen de La Habana, centrada en el victimismo y la acusación a terceros, no parece suficiente para revertir la tendencia de aislamiento. La comunidad internacional observa con atención cómo los países latinoamericanos adoptan posturas más firmes frente a la dictadura cubana, exigiendo reciprocidad y respeto a las normativas diplomáticas. Las consecuencias de este distanciamiento se traducirán en una mayor dificultad para el régimen para obtener apoyo en foros multilaterales y en un reforzamiento de la exigencia de cambios democráticos y respeto a los derechos humanos en la isla.
A largo plazo, la pérdida de aliados en el Caribe y América Latina deja a La Habana con un margen de maniobra cada vez más estrecho. Sin el respaldo tradicional de naciones que ahora cuestionan su legitimidad democrática, el gobierno cubano se enfrenta a un escenario donde la presión externa se suma a la insatisfacción interna. El futuro de las relaciones de Cuba con el resto del mundo dependerá, en gran medida, de su disposición a abandonar las prácticas autoritarias que han generado tanto repudio dentro como fuera de sus fronteras.