Lunes, 14 de septiembre de 2026
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La creadora de contenido Anna Bensi y su madre arriesgan hasta dos años de prisón por filmar a un oficial de la PNR

La creadora de contenido Anna Bensi y su madre arriesgan hasta dos años de prisón por filmar a un oficial de la PNR

La joven comunicadora independiente Anna Sofía Benítez Silvente, conocida en redes sociales como Anna Bensi, y su madre, Caridad Silvente, enfrentan una posible condena de hasta dos años de cárcel por el presunto delito de \»actos contra la intimidad personal y familiar\», tras difundir un video donde se observa a un suboficial del Ministerio del Interior entregándoles una citación. El caso evidencia, una vez más, la utilización del aparato judicial en Cuba para amedrentar y silenciar a las voces que documentan la realidad de la isla.

El proceso judicial, que a la espera de fecha de vista, fue confirmado por el tribunal tras la presentación de una querella formal por parte de Yoel Leodan Rabaza Ramos, suboficial del Ministerio del Interior (MININT) que se desempeñaba como oficial de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). El artículo 393.1 del Código Penal cubano, bajo el cual se procesa a las acusadas, establece una sanción que oscila entre seis meses y dos años de privación de libertad, multa o ambas medidas concurrentes.

El conflicto tuvo su origen en el mes de marzo, cuando Rabaza Ramos se presentó vestido de civil en la vivienda de las Benítez Silvente para entregar una citación a la madre de la creadora de contenido. Ante la situación, y en un contexto donde las garantías procesales son prácticamente nulas, ambas mujeres decidieron grabar el encuentro. Posteriormente, publicaron el material en redes sociales como mecanismo de protección y para dejar constancia pública del evento.

La reacción del funcionario fue presentar una denuncia inicial alegando sentirse amenazado tras la exposición de su identidad. Sin embargo, a mediados de abril, la Fiscalía dispuso el archivo definitivo de aquellas actuaciones al considerar que el supuesto delito no era perseguible de oficio, requiriendo que la persona que se considerara afectada presentara una querella ante el tribunal. Semanas después, a inicios de julio, el policía materializó la acción legal, argumentando que la divulgación del video le ha generado trastornos psicológicos y temor por su seguridad personal y familiar.

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Desde su perspectiva, Bensi ha rechazado de manera categórica las acusaciones, asegurando que la publicación del video nunca tuvo la intención de denigrar al funcionario. La joven ha explicado que la medida fue tomada por pura seguridad ante la vulnerabilidad en la que se encuentran los ciudadanos frente a los cuerpos de seguridad del Estado. Mientras el policía alega haber recibido amenazas en redes sociales, la creadora de contenido subraya que ella tampoco es responsable de los comentarios de terceros, y exige que se reconozca la asimetría de poder: él cuenta con el respaldo de un órgano represivo, mientras ella y su madre están completamente desprotegidas.

Abogados independientes consultados sobre el caso han señalado que filmar a un funcionario público en el ejercicio de sus funciones no constituye, por sí solo, un delito. La figura legal aplicada sanciona la divulgación no consentida de imágenes cuando existe el propósito explícito de afectar la intimidad personal o familiar. Sin embargo, en este escenario, el funcionario actuaba en representación del Estado, lo que sitúa el acto en un ámbito de escrutinio público. Aun así, pese a que el policía afectado ha manifestado su deseo de recibir una disculpa pública, el abogado querellante solicita la pena máxima de dos años de privación de libertad.

Bensi ha denunciado públicamente que detrás de este proceso se encuentra la Seguridad del Estado, utilizando el caso como un pretexto para silenciarla y desacreditarla. \»Están buscando una justificación para intentar silenciarnos, quieren desacreditarnos, mostrarnos ante la sociedad como delincuentes comunes y tenernos bajo presión\», afirmó la joven, quien ha cuestionado la debilidad de un sistema que orquesta un plan legal contra una joven de 21 años cuya única herramienta de denuncia es su teléfono móvil.

Un patrón de represión y censura sistemática

El caso de Anna Bensi no es un hecho aislado, sino que se inscribe en una estrategia más amplia de la dictadura cubana para asfixiar cualquier forma de disidencia, periodismo ciudadano o activismo digital. Desde las protestas del 11 de julio de 2021, el régimen de La Habana ha endurecido su maquinaria represiva, implementando tácticas de acoso constante, allanamientos, multas arbitrarias y procesamientos penales para neutralizar a comunicadores independientes que exponen el deterioro social y político del país.

La entrada en vigor del nuevo Código Penal ha sido instrumentalizada por las autoridades de la isla para criminalizar la protesta social y la libre expresión. Figuras jurídicas ambiguas, como la difusión de \»información falsa\» o los delitos contra el honor, se utilizan de manera discrecional para procesar a quienes documentan la crisis. El gobierno cubano prioriza el blindaje de sus instituciones y la persecución de la crítica, en lugar de atender el colapso material que sufren los ciudadanos.

Este escenario de hostigamiento ocurre en medio de la peor crisis económica y social de las últimas décadas. La población enfrenta una inflación galopante, apagones diarios que superan las 10 horas, y un desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas. Ante el silencio cómplice de la prensa oficial, los creadores de contenido se han convertido en los cronistas de la emergencia nacional, lo que los convierte en el objetivo principal de la represión estatal. Este asfixiante clima ha sido, además, uno de los principales motores del masivo éxodo migratorio que ha vaciado a la isla de su fuerza joven.

Antecedentes de criminalización del escrutinio ciudadano

La criminalización de ciudadanos que documentan abusos policiales o deficiencias estatales tiene antecedentes alarmantes en Cuba. Activistas y reporteros independientes han sido víctimas de detenciones arbitrarias y procesamientos bajo cargos prefabricados durante años. La utilización de figuras jurídicas vinculadas al \»honor\» para proteger a miembros de las fuerzas del orden es una táctica recurrente del ejecutivo cubano para evadir la rendición de cuentas. De este modo, se invierte la lógica jurídica: el agente del Estado, que debería estar sujeto a un control ciudadano estricto, se ampara en leyes de privacidad para evitar ser identificado mientras ejecuta acciones oficiales.

Por su parte, Caridad Silvente, madre de la joven, ha expresado su profunda preocupación ante la posibilidad de que su hija reciba una sentencia injusta. \»De la Seguridad del Estado siempre voy a esperar lo peor. Ese es su trabajo: inventar, manipular; y son muy malos\», aseguró la mujer, quien encuentra refugio en su fe frente a la incertidumbre del proceso legal que las acecha. La familia confía en que la verdad prevalezca, aunque son conscientes de las limitaciones del sistema judicial cubano, subordinado al poder político.

Implicaciones y futuro del proceso

El desenlace de este proceso judicial sentará un precedente peligroso para el ejercicio de la ciudadanía y el periodismo independiente en Cuba. Si la dictadura cubana logra condenar a Anna Bensi y a su madre, se consolidará el mensaje de que cualquier intento de fiscalizar a las fuerzas represivas será castigado con la cárcel. El uso de la justicia penal como herramienta de censura busca desincentivar a otros jóvenes que utilizan las redes sociales para mostrar el \»día a día de la realidad cubana\», un fenómeno que el régimen no ha logrado controlar pese a sus esfuerzos por regular las telecomunicaciones.

La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos mantienen la mirada sobre este caso, que pone de manifiesto la asimetría de poder en la isla. Mientras el Estado despliega sus recursos para procesar a una joven por grabar una citación, la ciudadanía continúa sumida en la indefensión más absoluta. El caso de Bensi es un recordatorio crudo de que, en Cuba, la exigencia de transparencia y el ejercicio de la libertad de expresión siguen siendo actos penalizados por un sistema que teme el escrutinio de su propia gente.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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