El inicio de la zafra azucarera 2025-2026 en la provincia de Villa Clara ha sido pospuesto debido a la profunda crisis energética y la falta de recursos imprescindibles que atraviesa la isla. Las autoridades cubanas confirmaron que los centrales \»Quintín Bandera\» y \»Héctor Rodríguez\» no podrán comenzar la molienda en la fecha prevista, sumiendo en mayor incertidumbre el ya mermado suministro para la canasta básica normada.
El director del central \»Quintín Bandera\», ubicado en el municipio de Corralillo, Onel Pérez González, reconoció a la prensa local que el retraso obedece fundamentalmente a la inestabilidad del sistema electroenergético nacional y a la carencia de insumos vitales para concluir las labores de alistamiento industrial. Como consecuencia, la molienda en esta planta fue trasladada para el 26 de diciembre, mientras que el central \»Héctor Rodríguez\» operará a finales de la primera decena de enero de 2026. La meta oficial es alcanzar más de 11.000 toneladas de azúcar en 78 días de molienda, una cifra modesta que refleja la actual capacidad productiva.
Este nuevo contratiempo en el sector azucarero evidencia la incapacidad del gobierno cubano para reactivar una industria que históricamente fue el motor económico del país. La emisora estatal CMHW admitió que el desempeño de esta zafra servirá como un \»termómetro clave\» para medir la sostenibilidad del sector en la provincia, un indicador que, a juzgar por los constantes aplazamientos y la falta de preparación, anticipa resultados adversos para la economía local y nacional.
De coloso mundial a ruina industrial
El declive de la industria azucarera no es un fenómeno coyuntural, sino el resultado de décadas de mala gestión y centralización por parte del régimen de La Habana. Tras la nacionalización de los centrales en 1960 y el fracaso de la llamada \»Zafra de los Diez Millones\» en 1970, el sector comenzó un descenso irrecuperable. El golpe definitivo llegó con la caída del bloque soviético en 1989 y la posterior implementación de la Tarea \»Álvaro Reynoso\» durante el Periodo Especial, una supuesta reorganización que resultó en el desmantelamiento y abandono de la mayoría de los ingenios del país, dejando tras de sí un panorama de desolación en los bateyes cubanos.
Para la ciudadanía, este retraso se traduce en un agravamiento de la escasez alimentaria y una mayor dependencia de las importaciones, en medio de una inflación galopante y un éxodo migratorio sin precedentes. La incapacidad de las autoridades de la isla para garantizar una zafra mínimamente estable evidencia la profunda desconexión entre las promesas oficiales y la cruda realidad productiva, augurando un escenario de mayor precariedad para el consumo interno en los próximos meses.