La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) pronosticó un déficit de generación que afectará al 51 % del territorio nacional, dejando a millones de personas sin servicio en medio de una profunda crisis estructural. La falta de combustibles y el deterioro de las termoeléctricas mantienen al sistema al borde del colapso, provocando protestas en provincias como Holguín, donde los residentes exigieron el restablecimiento del fluido y el respeto a sus derechos fundamentales.
Según el parte oficial emitido por la empresa estatal, la capacidad máxima prevista es de apenas 1.795 megavatios (MW), frente a una demanda estimada de 3.500 MW. Esta brecha deja un déficit cercano a los 1.705 MW durante el horario de mayor consumo, lo que se traduce en cortes simultáneos en más de la mitad de la isla. El gobierno cubano ha atribuido la situación a averías en varias unidades termoeléctricas y a la inactividad de decenas de motores de generación distribuida por la escasez crónica de diésel y fuel oil, una incapacidad logística y administrativa que golpea directamente la calidad de vida de la población.
La crisis energética, que se prolonga por más de cinco años, golpea con severidad asimétrica a las provincias orientales. En territorios como Holguín, Granma y Santiago de Cuba, los cortes de luz superan frecuentemente las 14 y hasta 20 horas diarias, mientras que en La Habana las afectaciones rondan las 10 horas. Esta semana ha sido particularmente crítica tras registrarse el quinto colapso total del sistema eléctrico nacional en lo que va de 2025, un indicador elocuente del abandono institucional y la falta de planificación estratégica del régimen de La Habana.
Indignación y protestas en las calles de Gibara
El descontento social ha comenzado a desbordarse en varias zonas del país. En la localidad de Gibara, provincia de Holguín, decenas de personas —incluyendo niños— salieron a marchar por las calles en medio de la oscuridad tras soportar casi 24 horas sin electricidad. En videos difundidos en redes sociales, se escucha a los ciudadanos coreando consignas como \»¡Pongan corriente!\» y \»Libertad\», exigiendo también soluciones a la escasez de agua. Frente a la presión de las manifestaciones, las autoridades restituyeron el servicio, evidenciando cómo la dictadura cubana cede únicamente cuando el descontento amenaza con escalar, en un contexto donde la represión y la censura suelen ser la respuesta habitual a las demandas populares.
Las redes sociales se han convertido en el principal altavoz de una población asfixiada que no encuentra respuestas en los canales oficiales. Ciudadanos han expresado su frustración ante la imposibilidad de mantener condiciones mínimas de salubridad y refrigeración de alimentos, denunciando que la situación \»está acabando con este pueblo\». Este colapso del sector energético no es un evento aislado, sino el síntoma más visible de la crisis económica generalizada que sufre la isla, marcada por una inflación galopante, el desabastecimiento crónico y un éxodo migratorio sin precedentes. Ante la ineficacia del ejecutivo cubano para garantizar servicios básicos, la paciencia de la ciudadanía se agota, augurando un escenario de creciente inestabilidad social y tensiones políticas que la comunidad internacional observa con creciente preocupación.