Lunes, 14 de septiembre de 2026
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Cuba podría producir más del 80 % de los alimentos que consume, pero el régimen asfixia al sector agrícola, advierte un experto

Cuba podría producir más del 80 % de los alimentos que consume, pero el régimen asfixia al sector agrícola, advierte un experto

La crisis alimentaria que sufre Cuba no responde a la falta de recursos naturales, sino al colapso estructural provocado por el control estatal y la ausencia de libertades económicas. El ingeniero químico y especialista agrícola Hugo Horizondo asegura que la isla tiene el potencial para abastecer a su población e incluso duplicarla, pero el sistema impuesto por el gobierno cubano desincentiva la producción, confisca los frutos del trabajo y obliga a importar el 90 % de los alimentos que consume la nación.

Horizondo, nacido en Sancti Spíritus en 1955 y testigo directo de la expropiación de la finca de su abuelo por parte de las nuevas autoridades tras el triunfo de la revolución, ha dedicado décadas de su vida al sector agropecuario. Su trayectoria, que comenzó gestionando una vaquería con 300 vacas en ordeño, lo lleva a una conclusión contundente: la incapacidad de alimentar a la población es el resultado directo de la ineficiencia y la mala gestión del régimen de La Habana. Para el experto, es incomprensible que un territorio de 110 000 kilómetros cuadrados, donde el 60 % de la tierra es apta para la agricultura mecanizada, dependa del exterior para poner comida en las mesas de sus ciudadanos.

El derrumbe de un emporio agropecuario

Los datos que expone Horizondo dibujan un panorama de devastación productiva sin precedentes en el hemisferio occidental. La otrora poderosa industria azucarera, que durante la primera mitad del siglo XX generaba millones de toneladas de azúcar y era el motor de la economía nacional, hoy apenas produce menos de 200 000 toneladas anuales. Esta cifra representa no solo el colapso de un sector, sino la ruina de toda una infraestructura de ferrocarriles, centrales azucareros y comunidades rurales que orbitaban alrededor de la zafra. De igual forma, la cabaña ganadera se ha reducido a la mitad en comparación con épocas anteriores, a pesar de que la población actual es significativamente mayor. La producción de arroz y otros granos básicos es solo una fracción de lo que fue en el pasado.

Este deterioro no es obra del azar ni de embargos externos, sino de políticas diseñadas para monopolizar el control de la tierra y los recursos. El sistema impuesto por las autoridades de la isla obliga a los productores a entregar sus cosechas al aparato estatal, el cual asume el papel de único comprador y distribuidor a través del sistema de Acopio. Esta dinámica anula cualquier incentivo para el aumento de la producción, ya que el campesino no puede disfrutar de los frutos de su esfuerzo ni obtener ganancias justas que le permitan reinvertir en su finca. La mala gestión del ejecutivo cubano ha transformado a Cuba, una isla bendecida con suelo, agua y clima, en un territorio incapaz de autoabastecerse.

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¿Por qué Cuba no produce alimentos si tiene tierras y agua?

La libertad como requisito indispensable

El análisis del especialista apunta directamente a la raíz ideológica del problema. En el sistema cubano actual, los productores no tienen la libertad de decidir qué sembrar, cómo gestionar sus tierras ni a quién venderle. Están asfixiados por un sistema que castiga el éxito y premia la dependencia. Ante esta realidad, el primer requisito para restaurar la agricultura es la libertad económica. Los agricultores deben ser liberados de los controles estatales que los asfixian. Muchos campesinos, bajo la presión constante de un sistema punitivo, se ven obligados a producir menos o a ocultar parte de sus cosechas para evitar quedar a merced de la confiscación estatal. Esta práctica de supervivencia es una respuesta lógica a un entorno hostil.

A pesar del deterioro acumulado durante más de seis décadas, Horizondo considera que el potencial de recuperación es extraordinario. Incluso antes de 1959, estudios técnicos indicaban que una porción considerable de las mejores tierras agrícolas de Cuba permanecían sin explotar. La combinación de nuevas tecnologías agropecuarias con el conocimiento ancestral de los agricultores cubanos ofrece perspectivas muy positivas para el futuro. Sin embargo, advierte que cualquier proyecto serio de reactivación debe comenzar con un diagnóstico exhaustivo del estado real del campo: evaluar la condición de los caminos rurales, los sistemas de riego, la maquinaria disponible, la salinización de los suelos y la capacidad de los embalses. Recetar soluciones sin conocer la infraestructura disponible sería un error fatal.

La crisis estructural y el contexto sistémico

La incapacidad de producir alimentos no es un fenómeno aislado, sino el síntoma más visible y doloroso de la crisis estructural que atraviesa la isla. La inflación galopante, la devaluación constante del peso cubano y el desabastecimiento crónico están directamente vinculados a la dependencia de las importaciones alimentarias. El régimen de La Habana destina cuantiosos recursos, muchas veces provenientes de alianzas estratégicas con regímenes aliados o de créditos externos que comprometen el futuro del país, para comprar alimentos básicos que podrían producirse localmente. Esta fuga de divisas, que asciende a miles de millones de dólares anuales, profundiza el colapso económico general, empobrece aún más a la población y mantiene al país en un estado de vulnerabilidad permanente.

El control absoluto sobre la tierra y la producción es, además, una herramienta de sometimiento político. La dictadura cubana ha utilizado el monopolio estatal de la distribución para castigar a las regiones o individuos que muestren disidencia, y para mantener a la ciudadanía en un estado de dependencia y temor constante. La falta de seguridad jurídica sobre la propiedad de la tierra impide cualquier inversión a largo plazo. Como advierte Horizondo, proyectos ganaderos, de reforestación o de infraestructura agrícola requieren años para ver un retorno de capital. Es imposible que un productor invierta en mejorar un pasto o comprar ganado de raza si el Estado puede confiscar su propiedad arbitrariamente en cualquier momento, como ha ocurrido históricamente en la isla.

Hacia una transición agrícola y soberanía alimentaria

En el escenario de una futura transición democrática, el plan inicial debería centrarse en la producción de alimentos básicos para garantizar la seguridad alimentaria de la población: arroz, viandas, granos, leche y carne. Horizondo sugiere priorizar la ganadería vacuna sobre la avícola y porcina, ya que estas últimas dependen en gran medida de la importación de granos y proteínas vegetales como la soya, que Cuba no produce en cantidades suficientes. El ganado vacuno, en cambio, puede desarrollarse principalmente con pastos, y Cuba cuenta con condiciones climáticas y edáficas excepcionales para ello. Históricamente, los pastos de Camagüey y los llanos del Cauto fueron emporios de producción cárnica y láctea, atrayendo incluso a empresas internacionales como Nestlé, que tenía fábricas en Sancti Spíritus y Bayamo para producir leche evaporada, condensada y en polvo.

Para lograr este renacimiento, la infraestructura y el financiamiento serán pilares fundamentales. La producción agrícola aumenta considerablemente cuando existen caminos transitables, transporte adecuado, electricidad, instalaciones de almacenamiento, cadenas de frío y canales de comercialización eficientes. Asimismo, el sistema financiero de una futura república deberá establecer incentivos especiales para que los bancos extiendan créditos al sector agrícola. La agricultura es una actividad de alto riesgo, expuesta a huracanes, sequías e inundaciones, y requiere de un respaldo financiero que el actual sistema es incapaz de proveer. La creación de un banco agrícola que ofrezca préstamos en condiciones favorables podría ser la diferencia entre la siembra y el abandono de la tierra.

El éxodo migratorio masivo, que ha vaciado campos y ciudades en los últimos años, también ha diezmado el capital humano necesario para la recuperación agrícola. Los jóvenes han abandonado el campo ante la falta de futuro, de herramientas y de incentivos. Sin embargo, el experto confía en que, una vez liberados los grilletes del control estatal y restituida la seguridad jurídica, la agricultura responderá con rapidez. Cuba podría producir fácilmente más del 80 % de los alimentos que consume, e incluso un porcentaje mayor, dejando las importaciones solo para productos específicos que no formen parte de la canasta básica.

En conclusión, la soberanía alimentaria de Cuba pasará inevitablemente por una transformación política y económica profunda. Mientras el régimen se mantenga en el poder, negando la propiedad privada y la libertad de mercado, el país seguirá importando la inmensa mayoría de lo que consume. La comunidad internacional y los actores democráticos deben entender que la solución al hambre en Cuba no reside en enviar remesas o donaciones paliativas, sino en desmantelar el sistema totalitario que impide a los cubanos trabajar la tierra que tienen frente a sus ojos. Solo con libertad, seguridad jurídica y la eliminación del monopolio estatal, Cuba podrá volver a ser el granero que su geografía y su pueblo merecen.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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