El Subcomité para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes de Estados Unidos celebró una audiencia donde quedó al descubierto la presión bipartidista sobre el régimen de La Habana. Mientras legisladores exigen elecciones libres y reformas, altos funcionarios del Departamento de Estado eludieron confirmar la existencia de contactos bilaterales orientados a apartar del poder a Miguel Díaz-Canel.
Durante el foro legislativo, titulado \»América Latina después de la caída de Maduro\», la congresista María Elvira Salazar urgió al gobierno estadounidense a endurecer las medidas contra el régimen cubano, asegurando que el sistema político de la isla se mantiene \»con soporte vital\». Por su parte, Michael Kozak, alto funcionario del Departamento de Estado, presentó un testimonio escrito en el que señaló que la caída de Nicolás Maduro dejó a las autoridades de la isla sin uno de sus principales benefactores económicos, instando a la implementación de \»reformas políticas y económicas drásticas\».
El momento de mayor tensión ocurrió cuando los legisladores interrogaron a Kozak sobre la existencia de conversaciones directas entre Washington y La Habana. El funcionario se negó a ofrecer detalles y argumentó que \»si se quiere llegar a alguna parte con conversaciones de este tipo, no se hacen en público\». Esta postura contrasta con la exigencia del demócrata Joaquín Castro, quien, aunque reconoció el impacto de la política estadounidense en la crisis actual, demandó que el ejecutivo cubano celebre comicios libres y justos, además de abrir la economía.
La intransigencia del régimen ante la crisis sistémica
Las revelaciones sobre posibles negociaciones ocurren en un contexto de profunda crisis estructural en la isla, marcada por una inflación galopante, el colapso de los servicios básicos, la escasez crónica de alimentos y un éxodo migratorio sin precedentes. Ante los rumores de un supuesto plan estadounidense para forzar la salida de Díaz-Canel, el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío emitió un rechazo tajante. El diplomático aseguró que el sistema político \»no es negociable\» y que la permanencia del mandatario no está sujeta a discusión, reafirmando la negativa de la dictadura cubana a abrir espacios democráticos o ceder el control del poder.
El propio Díaz-Canel ha pedido un diálogo con la administración estadounidense, pero reiterando que no aceptará condiciones de cambio político. Según filtraciones recogidas por medios estadounidenses, el objetivo de Washington en estos presuntos contactos sería facilitar una salida que implicara apartar a la cúpula dirigente del poder. Sin embargo, la intransigencia del régimen de La Habana sugiere que cualquier acercamiento diplomático chocará frontalmente con la resistencia de un sistema histórico reacio a someterse al escrutinio popular, dejando a la población civil como la principal afectada por el estancamiento bilateral y el colapso interno.