La organización independiente YoSíTeCreo en Cuba anunció el cese definitivo de su observatorio de feminicidios tras cinco años de labor ininterrumpida. La decisión responde a la imposibilidad de sostener el registro por la falta de recursos materiales y humanos, agravada por la hostilidad, la censura y la profunda crisis humanitaria que atraviesa la isla.
En un comunicado difundido en redes sociales, el colectivo feminista explicó que la labor de documentación se ha vuelto insostenible. La plataforma señaló que no cuenta con la capacidad logística ni humana para seguir manteniendo el registro, una tarea que cada día se vuelve más compleja frente al colapso del país. La organización destacó además el severo desgaste emocional y mental que implica acompañar a las víctimas, un peso que se multiplica exponencialmente bajo las condiciones represivas del activismo independiente y la fuerte censura impuesta por el régimen de La Habana.
El cese de actividades pone fin a uno de los archivos independientes más rigurosos sobre la violencia feminicida en el país. Desde su creación en 2020, en plena emergencia sanitaria, la plataforma no solo ofreció asesoramiento legal y psicológico a mujeres en situación de riesgo, sino que logró sistematizar casos históricos desde 2017. Sus registros documentaron al menos 12 feminicidios en 2019, 32 en 2020, 33 en 2021 y otros 33 en 2022, cifras que la propia entidad siempre advirtió como un subregistro de la realidad frente a la inacción y el silencio del gobierno cubano.
Represión y abandono estatal frente a la violencia de género
El cierre de este observatorio es un duro golpe para la sociedad civil y refleja el asedio sistemático de la dictadura cubana contra cualquier iniciativa ciudadana que escape de su control. Durante años, YoSíTeCreo en Cuba, junto a la Red Femenina de Cuba y la revista Alas Tensas, exigieron en vano una respuesta estatal: la tipificación del feminicidio en el Código Penal, la publicación de estadísticas oficiales y la creación de casas de acogida. Sin embargo, las autoridades de la isla han mantenido una política de invisibilización, obligando a activistas y periodistas independientes —fuertemente reprimidos— a asumir una responsabilidad que corresponde al Estado.
Con la desaparición de este espacio de monitoreo, que culminó su labor tras la reciente publicación del Informe Anual junto al Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT), Cuba pierde una herramienta vital para visibilizar el drama de la violencia machista. El silencio forzado de YoSíTeCreo en Cuba deja a las víctimas en una mayor situación de indefensión y evidencia cómo la crisis estructural y la represión política del ejecutivo cubano no solo destruyen la economía y provocan el éxodo migratorio, sino que también cercenan los pocos mecanismos de protección y denuncia de los derechos fundamentales de las mujeres.