Un grupo de residentes de la localidad de Guairajal, en el municipio holguinero de Mayarí, salieron a las calles para exigir el restablecimiento de los servicios básicos tras casi un mes sin suministro eléctrico. La manifestación, que incluyó a mujeres y niños, refleja el colapso de la infraestructura y la desidia de las autoridades de la isla frente a la emergencia provocada por el paso del huracán Melissa.
Las protestas, documentadas a través de redes sociales, muestran a los ciudadanos haciendo sonar cacerolas y portando carteles con leyendas como \»Queremos corriente\». Un manifestante denunció la situación extrema del poblado, indicando que de más de doscientas viviendas existentes apenas quedan en pie unas cuarenta, acusando a las autoridades de intentar \»desaparecer\» a la comunidad. El reclamo no solo se centra en la energía, sino también en la falta de agua potable, alimentos y el severo deterioro de la escuela local.
\»Estamos cansados. Nos hemos enfermado de estar cargando agua del río para tomar, un agua que está contaminada por tanta lluvia\», relató una de las afectadas, quien describió la profunda sensación de abandono en la que se encuentra la población. Este estallido social es la tercera protesta registrada en el municipio de Mayarí en cuestión de días, sumándose a las movilizaciones en las localidades de Pontezuela y Seboruco, donde los habitantes también exigen respuestas ante semanas de apagones y escasez.
Respuestas tardías y propaganda oficial
En Pontezuela, la respuesta institucional llegó mediante la visita de un intendente local y un oficial de la policía política de la dictadura cubana, quienes alegaron desconocer la magnitud de la crisis eléctrica. En Seboruco, la indignación aumentó tras la publicación de un periodista oficialista que aseguró, de manera parcial, que el servicio había sido restablecido. Ante la presión ciudadana sostenida, las autoridades de la isla finalmente reanudaron el servicio eléctrico en horas de la tarde, aunque el suministro de agua sigue colapsado debido a la dependencia de bombas eléctricas en zonas de difícil acceso.
Las protestas en Mayarí no son un hecho aislado, sino el síntoma de una crisis sistémica que atraviesa la nación. La vulnerabilidad de la infraestructura eléctrica y el déficit en la distribución de agua potable son problemas crónicos agravados por la ineficiencia administrativa del gobierno cubano. La incapacidad para responder de manera efectiva a desastres naturales evidencia el fracaso del modelo centralizado, que prioriza el control político sobre el bienestar y la supervivencia de la ciudadanía.
El estallido en Guairajal y otras comunidades de Holguín augura un escenario de creciente tensión social en el oriente del país. Si la dictadura cubana continúa ignorando las demandas básicas de la población y recurriendo a la propaganda para silenciar el descontento, es probable que las protestas se extiendan a otras provincias. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deben mantener la mirada puesta en la isla, donde la negligencia del Estado ha puesto en riesgo directo la vida de cientos de familias.