La Federación Cubana de Béisbol y Softbol (FCBS) reportó ingresos por 2.3 millones de dólares este año, derivados fundamentalmente del alquiler de talentos a ligas extranjeras. Sin embargo, las autoridades de la isla reconocen un panorama crítico para el deporte nacional, marcado por la falta de infraestructura, el deterioro de las instalaciones y el éxodo constante de profesionales que deja a la pelota cubana en una profunda crisis estructural.
Según datos del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) difundidos por la prensa oficial, el régimen de La Habana cobra entre un 10 % y un 20 % adicional al salario de cada atleta contratado en el exterior. Esta tarifa, pagada directamente por los clubes foráneos a la FCBS sin tocar los ingresos del pelotero, ha justificado supuestas inversiones en el deporte nacional. El reporte detalla que los fondos se destinaron a vestuarios para la Liga Élite y la Serie Nacional, compra de pelotas, y boletos aéreos para 17 eventos internacionales, sumando más de un millón de dólares en gastos ejecutados.
A pesar de esta inyección de capital, la Asamblea de Balance anual de la FCBS, celebrada en el Salón Adolfo Luque del Estadio Latinoamericano, expuso una realidad diametralmente opuesta. El presidente de la organización, Juan Reinaldo Pérez Pardo, admitió el deterioro de la base deportiva en las provincias, la urgencia de reparar instalaciones y la incapacidad de la industria local para producir implementos básicos como bates y guantes. La directiva también reconoció la necesidad de reubicar las 16 academias nacionales para evitar el desgaste acelerado de los terrenos principales.
Consecuencias de la crisis estructural y el éxodo deportivo
La situación del béisbol refleja el colapso sistémico que atraviesa Cuba bajo el gobierno cubano. Al igual que la salud y la educación, el deporte nacional ha sido víctima de la falta de inversión, la burocracia asfixiante y la ineficiencia económica. El descenso en el número de profesionales y la pérdida de masividad no son fenómenos aislados, sino consecuencias directas de la profunda crisis económica y el éxodo migratorio que ha vaciado a la isla de sus talentos, obligando a los atletas a buscar sustento en otras naciones mientras el Estado se beneficia de su exportación.
Las promesas de inversión futura, que incluyen luminarias para estadios y aportes a otros deportes menos beneficiados, contrastan con la incapacidad del ejecutivo cubano para sostener la infraestructura básica del país. Mientras la dictadura continúe monopolizando la gestión deportiva y lucrando con el talento de sus ciudadanos sin ofrecer condiciones de vida dignas, el béisbol cubano seguirá sumido en la decadencia, perdiendo su estatus como referente regional y profundizando la desconexión entre la base deportiva y la élite rentable.