La opositora cubana Mercedes de la Guardia Hernández, integrante de las Damas de Blanco en Cárdenas, Matanzas, falleció a los 59 años de edad. Su deceso marca la pérdida de una figura clave en la resistencia cívica frente a la dictadura cubana, que durante años la sometió a constantes detenciones, golpes y hostigamiento por su activismo pacífico.
El fallecimiento fue confirmado por la líder del movimiento, Berta Soler, quien detalló que la activista perdió la vida en la ciudad de Cárdenas tras un severo deterioro en su salud. De la Guardia, quien padecía diabetes e hipertensión —enfermedades que llegaron a provocarle la pérdida de la visión—, sufrió una caída recientemente tras superar una virosis, lo que agravó su cuadro clínico hasta provocar su deceso. Pese a sus limitaciones físicas y a la falta de atención médica adecuada, se mantuvo como una de las figuras más visibles de la organización en la provincia desde su ingreso en noviembre de 2011.
Represión sistemática contra la resistencia cívica
La trayectoria de De la Guardia estuvo marcada por la persecución política orquestada por la dictadura cubana. Durante años, la activista fue víctima de detenciones arbitrarias y agresiones físicas cuando intentaba asistir a las misas dominicales o participar en actividades cívicas. Informes de derechos humanos documentan cómo las autoridades de la isla la interceptaban al salir de su domicilio, la conducían a unidades policiales y posteriormente la abandonaban a kilómetros de distancia para impedirle llegar a la iglesia La Purísima Concepción o a la sede nacional del grupo en La Habana.
La opositora exiliada Leticia Ramos Herrería, otra figura central del movimiento en Matanzas, calificó a De la Guardia como el \»alma de la delegación de Cárdenas\». Ramos Herrería recordó que, frente a los calabozos, los golpes y la vigilancia policial impuesta por el régimen de La Habana, la activista mantenía una actitud combativa y risueña. Su resistencia se enmarca en el accionar de las Damas de Blanco, movimiento surgido en 2003 tras la \»Primavera Negra\» para exigir la liberación de presos políticos, labor que les valió el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo en 2005.
La muerte de Mercedes de la Guardia representa un nuevo golpe para la sociedad civil cubana, ya diezmada por el exodo migratorio y el asfixiante control social ejercido por el gobierno cubano. Su legado evidencia no solo la severidad de la crisis estructural y sanitaria que sufre la isla, donde las enfermedades crónicas se agravan por el desabastecimiento de medicamentos, sino también la persistencia de un núcleo cívico que, a pesar del alto costo personal, continúa reclamando libertades fundamentales en un entorno de creciente hostigamiento estatal.