El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó que la profunda crisis que atraviesa la isla no tiene solución mediante aperturas económicas parciales, subrayando que el sistema político actual es el principal obstáculo para el desarrollo y la estabilidad del país.
En declaraciones emitidas a través del Departamento de Estado, el jefe de la diplomacia estadounidense enfatizó que \»no se puede alcanzar la prosperidad económica sin un nivel significativo de libertad política\». Rubio apuntó directamente a la naturaleza represiva de la dictadura cubana, señalando que en el país no existe la posibilidad de cuestionar las decisiones del poder sin arriesgarse a la prisión. Esta falta de libertades básicas, indicó, invalida cualquier intento de reforma económica seria por parte del régimen de La Habana.
El funcionario desestimó el reciente anuncio de las autoridades de la isla sobre la posibilidad de que cubanos en el exterior inviertan en empresas privadas locales. Rubio cuestionó la viabilidad de inyectar capital en un entorno carente de garantías. \»¿Invertir en un país que tiene leyes arbitrarias, sin un sistema establecido de tribunales y de justicia?\», interrogó, exponiendo la profunda inseguridad jurídica que impera bajo el control del ejecutivo cubano, la cual ahuyenta cualquier inversión extranjera genuina.
Colapso energético y fracaso del modelo
Sobre los continuos apagones que sufre la población, Rubio descartó que la política de Washington tenga responsabilidad alguna en el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Atribuyó la ruina energética a la incompetencia gubernamental y al uso de infraestructura obsoleta que data de la década de 1950. Este deterioro material es un reflejo de la crisis estructural más amplia que afecta a la ciudadanía, marcada por la hiperinflación, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y el éxodo masivo que ha dejado despobladas a varias regiones del país. Para el secretario de Estado, la economía de la isla es \»completamente disfuncional\» y no puede corregirse sin un cambio de fondo: \»No se puede cambiar a menos que se cambie el gobierno\».
Las declaraciones del alto representante estadounidense reafirman la postura de Washington frente a la intransigencia del gobierno cubano. Mientras La Habana intente maquillar su fracaso con tibias medidas económicas sin ceder un milímetro en el control político y la represión social, el aislamiento y la decadencia institucional continuarán profundizándose. La comunidad internacional observa cómo la negativa de la cúpula en el poder a democratizar el país condena a millones de cubanos a la incertidumbre y la pobreza, dejando claro que el obstáculo para el progreso en la isla reside enteramente en la falta de voluntad para desmontar el aparato dictatorial.