El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Cuba experimentó una desconexión total, dejando a toda la isla sin suministro de energía en la noche de este sábado. El colapso, anunciado por la estatal Unión Eléctrica (UNE), se produce en medio de una aguda crisis de generación y escasez de combustibles, marcando el segundo apagón a nivel nacional en menos de una semana y profundizando el descontento social.
Mediante un escueto comunicado en sus redes sociales, la UNE confirmó que la falla total ocurrió a las 18:32 horas. Este incidente representa el séptimo colapso de magnitud similar en los últimos 18 meses, evidenciando el deterioro irreversible de la infraestructura energética del país. Horas antes, en la mañana de este sábado, las autoridades de la isla ya habían advertido sobre una afectación severa, reportando que 10 de las 16 unidades termoeléctricas existentes se encontraban fuera de servicio y pronosticando cortes en alrededor del 60% del territorio nacional.
La crisis energética está directamente vinculada a la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar el abastecimiento de combustibles. Argelio Jesús Abad Vigoa, viceministro primero de Energía y Minas, reconoció este viernes la parálisis en la cadena de suministro. El funcionario admitió que el país lleva tres meses sin recibir diésel, fuel oil, gasolina, turbocombustible y gas licuado de petróleo (GLP), lo que ha anulado cualquier capacidad de generación distribuida y ha imposibilitado la producción de electricidad en plantas que habían sido recuperadas con gran esfuerzo.
Impacto económico y malestar social
El ejecutivo cubano calificó la situación actual como el escenario más complejo que ha enfrentado el sector energético \»en décadas\», con un impacto directo en la ya mermada vida económica y social de la nación. Durante las últimas semanas, los déficits de generación han superado de forma habitual los 1.500 e incluso 2.000 megavatios en horarios pico. Esta insuficiencia estructural ha derivado en cortes de luz que superan las 12 horas diarias en varias provincias, agravando el colapso de servicios públicos básicos, la inseguridad alimentaria y la inflación galopante.
El colapso continuo del sistema eléctrico ha desatado un creciente rechazo ciudadano frente a la dictadura cubana. En distintas localidades, con mayor incidencia en La Habana, se han registrado protestas espontáneas donde los residentes exigen el restablecimiento del servicio y responsabilizan directamente a la cúpula gubernamental por la inoperancia y la crisis multidimensional. La persistencia de estos apagones totales no solo amenaza con desencadenar una espiral de inestabilidad social inédita, sino que también expone el fracaso del modelo impuesto por el gobierno, aislando aún más a la nación en un contexto de fracaso económico y represión institucional.