La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta una contracción del 1,5 % para la economía cubana en 2025, dejando a la isla como uno de los dos únicos territorios de la región con cifras negativas. El informe evidencia el fracaso de las políticas del régimen de La Habana, incapaz de revertir el colapso productivo, la inflación y la profunda distorsión cambiaria que asfixia a la población.
Según el Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe presentado en Santiago de Chile, tras una caída del 1,1 % en 2024, el gobierno cubano enfrenta una nueva recesión. Para 2026, el organismo internacional apenas anticipa un crecimiento del 0,1 %, una proyección que confirma una salida extremadamente lenta del estancamiento. La CEPAL señala que durante el primer semestre de 2025 no se observaron señales de recuperación, con deterioros profundos en sectores estratégicos como el turismo y la energía, agravados por la escasez crónica de insumos y divisas.
El ejecutivo cubano suele atribuir su fracaso a un contexto internacional adverso y a las sanciones, pero la CEPAL subraya los problemas estructurales, los retrasos en las reformas y la limitada inversión extranjera. En materia fiscal, las autoridades de la isla prevén reducir el déficit al 6,6 % en 2025, tras una contracción real del gasto total del 2,0 %. Este ajuste se logra recortando subvenciones por pérdidas empresariales, aunque se mantienen subsidios básicos para intentar mitigar el impacto social. Sin embargo, la presión financiera obliga a emitir Bonos Soberanos por 129.374 millones de pesos, una medida que incrementará la base monetaria y presionará aún más el ya devaluado peso cubano.
Distorsiones estructurales y crisis social
El informe detalla que la inflación interanual se desaceleró al 14,95 % en noviembre, frente al 27 % del año anterior, debido a controles de precios y menores desequilibrios fiscales. No obstante, este indicador sigue erosionando drásticamente los ingresos familiares. El mercado cambiario permanece profundamente distorsionado bajo un régimen dual fijo (24 pesos para el sector estatal y 120 para el sector no estatal y hogares), mientras el mercado informal mantiene al peso cubano en niveles de devaluación extremos. Esta brecha cambiaria refleja la desconexión total entre la planificación estatal y la realidad económica que sufren los ciudadanos.
En el frente externo, la cuenta corriente continuará en números rojos por la caída de las exportaciones de mercancías, el declive del turismo internacional y el menor dinamismo de las remesas, pilares fundamentales que han sostenido artificialmente la economía nacional. Ante este panorama, las consecuencias para la ciudadanía se perfilan severas: la persistencia del desabastecimiento, la pérdida de poder adquisitivo y la falta de oportunidades apuntan a un agravamiento del éxodo migratorio. La ineficiencia del sistema impuesto en La Habana mantiene a la población atrapada en una crisis económica sin solución a corto plazo, profundizando el aislamiento y la pobreza en la isla.