La corporación militar CIMEX anunció la suspensión de las ventas de combustible en pesos cubanos (CUP), limitando el acceso exclusivamente al pago en dólares y agravando la crisis de movilidad de los ciudadanos. La medida, que también restringe la venta de diésel incluso en divisa extranjera, deja a la población sin alternativas para el transporte privado y cotidiano mientras el gobierno prioriza el control de los escasos recursos energéticos.
A través de un comunicado difundido en sus redes sociales, las autoridades de la isla informaron que, \»hasta que las condiciones lo permitan\», se posponen las ventas de combustibles en CUP y la comercialización de diésel en dólares para la población. La venta de gasolina B90 y B94 en divisas quedará sujeta a una nueva plataforma denominada \»Ticket\», un sistema de turnos que limita la compra a un máximo de 20 litros por cliente. Quienes logren inscribirse tendrán un margen de apenas 24 horas para reclamar su cuota una vez notificados, bajo pena de perder el derecho a adquirirla.
La decisión fue precedida por intervenciones de altos funcionarios en la televisión estatal, donde el ejecutivo cubano esbozó un plan de reorganización de recursos. El discurso oficial sostiene que el combustible disponible se destinará a la protección de servicios esenciales como la generación eléctrica —que según el gobierno depende en gran medida del crudo nacional y el gas—, el abastecimiento de agua y la atención a urgencias médicas, salud materno-infantil y tratamientos oncológicos. Asimismo, se priorizarán las actividades económicas que generen ingresos en divisas, dejando en evidencia la dependencia absoluta del Estado de las remesas y el sector externo para sostener su frágil economía.
Impacto en una sociedad al borde del colapso
Esta nueva restricción se enmarca en el profundo colapso energético y económico que atraviesa el país, resultado de décadas de mala gestión, centralización burocrática y falta de inversiones en infraestructura. La suspensión de las ventas en moneda nacional profundiza la dolarización forzosa de la economía cotidiana, excluyendo a la inmensa mayoría de los cubanos que dependen de salarios en CUP, los cuales resultan insuficientes frente a una inflación galopante. La escasez crónica de combustible ha paralizado históricamente el transporte público y privado, afectando la cadena de distribución de alimentos y medicinas, y exacerbando el éxodo migratorio masivo hacia otras naciones del continente.
Al imponer un sistema que margina a la población del acceso a recursos básicos y obliga a operar en dólares para obtener movilidad, la dictadura cubana traslada el costo de su ineficiencia directamente a los ciudadanos. La medida no solo estrangula la ya precaria economía informal, sino que refuerza un modelo de segregación económica donde solo aquellos con acceso a divisas extranjeras pueden subsistir. Mientras la cúpula militar consolida el control sobre los recursos mediante empresas como CIMEX, la ciudadanía se enfrenta a un escenario de mayor empobrecimiento, aislamiento y dependencia del asistencialismo estatal, sin visos de soluciones estructurales a corto plazo.