Una avería en la línea de 220 kV entre Nuevitas y Las Tunas ha dejado sin servicio eléctrico a toda la región oriental de la isla, desde Las Tunas hasta Guantánamo, sumiendo a la población en un nuevo colapso energético. El incidente, reconocido por la estatal Unión Eléctrica (UNE), se suma a una jornada de cortes generalizados que también han afectado a provincias como Villa Clara y La Habana, evidenciando la profunda crisis del sistema electroenergético nacional.
Las autoridades de la isla informaron a través de redes sociales sobre el disparo en la mencionada infraestructura, el cual desconectó a la zona oriental del sistema nacional. Aunque el gobierno cubano aseguró que se investigan las causas y se trabaja en la recuperación, la realidad para los ciudadanos es un panorama desolador: los cortes de electricidad superan las 20 horas diarias en el oriente, mientras que en la capital alcanzan hasta 10 horas. Incluso antes de este incidente, la UNE ya había pronosticado una afectación del 49,5% del territorio nacional para el pico nocturno.
La estimación oficial previa al colapso detallaba una demanda máxima de 3.450 megavatios (MW) frente a una disponibilidad de apenas 1.810 MW. Este desequilibrio estructural genera un déficit de 1.640 MW, con una afectación estimada de 1.710 MW, cifras que ilustran la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar un servicio básico. Testimonios recogidos en redes sociales por ciudadanos en La Habana y Villa Clara confirman que la falta de fluido eléctrico se ha extendido por todo el país, desmintiendo cualquier intento de aislar el problema a una sola región.
Una crisis estructural sin solución a la vista
Esta emergencia no es un evento aislado, sino la culminación de una crisis energética que se ha agudizado en los últimos meses y que responde a la ineficiencia y mala gestión gubernamental. El colapso de la infraestructura se debe a la dependencia de centrales térmicas obsoletas, la falta crónica de combustibles y lubricantes, y la paralización de decenas de motores de generación distribuida. Esta situación se entrelaza con la inflación galopante, el desabastecimiento de alimentos y el éxodo migratorio sin precedentes, conformando un escenario de fracaso sistémico que afecta la supervivencia cotidiana de los cubanos.
Mientras la población enfrenta las altas temperaturas y la imposibilidad de conservar alimentos debido a la falta de electricidad, la dictadura cubana se limita a emitir comunicados técnicos que no ofrecen soluciones reales ni asume la responsabilidad política por el desastre. La incapacidad para revertir este colapso energético no solo profundiza el sufrimiento ciudadano, sino que proyecta una imagen de parálisis institucional frente a la comunidad internacional, que observa cómo la falta de libertades y de transparencia mantiene a la isla sumida en la postración material.