Las recientes resoluciones del Ministerio de Economía y Planificación (MEP) relativas a la dolarización de la economía cubana, acompañadas por las declaraciones públicas del ministro Joaquín Alonso Vázquez, han generado más confusión que certezas entre la población y los analistas. Las medidas, lejos de ofrecer soluciones a la profunda crisis financiera que atraviesa la isla, parecen responder a una lógica de captación de divisas que agrava aún más la precariedad de los ciudadanos.
Las intervenciones del titular del MEP se han caracterizado por una opacidad deliberada que dificulta la comprensión de los mecanismos anunciados. Detrás del lenguaje burocrático, lo que emerge es una estrategia orientada a extraer recursos de la población mediante instrumentos financieros que no resuelven los problemas estructurales de la economía cubana. El contexto no podría ser más adverso: inflación descontrolada, desabastecimiento crónico, un sector no estatal acosado por regulaciones asfixiantes y un corralito financiero que ha congelado operaciones esenciales para el funcionamiento del país.
En menos de dos años, el gobierno cubano ha destituido a más de un viceprimer ministro, incluyendo figuras como Alejandro Gil y Jorge Luis Perdomo Di-Lella, en un reflejo de las tensiones internas que recorren la cúpula del poder. Estas salidas, que el régimen de La Habana ha gestionado con su habitual hermetismo, no responden únicamente a supuestos errores administrativos, sino que se inscriben en una pugna más profunda entre facciones que disputan el control de los recursos financieros en un escenario de agotamiento del modelo. El sistema heredado del castrismo se desmorona mientras las tardías promesas de flexibilización de la inversión extranjera, anunciadas por Manuel Marrero Cruz, quedan atrapadas en la parálisis institucional.
GAESA y el control de las reservas en dólares
El Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), el conglomerado militar que controla buena parte de la economía cubana, se mantiene reacio a movilizar sus reservas en dólares pese a la severa escasez de divisas que sufre el resto del aparato productivo. Esta posición revela una lógica de autopreservación dentro del sector militar, que prioriza la custodia de sus activos frente a las necesidades del conjunto de la economía. Mientras tanto, en el plano externo, las autoridades de la isla enfrentan un creciente aislamiento: las posibilidades de diálogo con Washington son mínimas, los aliados regionales se debilitan y el flujo de recursos provenientes de Venezuela se ha reducido drásticamente.
En el plano interno, el Partido Comunista atraviesa una división cada vez más visible entre quienes necesitan dólares para sostener el control político mediante mecanismos de saqueo financiero y aquellos que, conscientes del callejón sin salida del modelo, buscan posicionarse para una eventual transición. Estos últimos tendrían los días contados si las facciones más duras del régimen decidieran reclamar las reservas congeladas por GAESA bajo el argumento de la seguridad nacional, pero que sectores dentro de la propia nomenclatura consideran ya un patrimonio personal. La dictadura cubana, en su fase más deteriorada, muestra las grietas de un sistema que durante décadas concentró poder y recursos en manos de una élite que ahora disputa los restos del botín mientras la población aguarda el colapso definitivo de una estructura insostenible.